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Relato autobiográfico acerca de cómo llegué a pensar, con zorros y erizos, sobre la operación inconsciente detrás de la IA.

¿Será que tiene una buena opinión de mí? Seguramente si, a fin de cuentas aquel día que estuvimos en el jardín me mostré amable, y creo recordar que me miraba atentamente, es verdad que no tuvimos oportunidad de charlar demasiado, aunque recuerdo perfectamente bien, que los amigos de mi padre se la encontraron en una cena, después de una trasmisión de radio, a decir de ellos, fue una velada muy amena, y en el momento en que hablaron de mí, no solo aceptó conocerme, sino que se expresó muy bien, aunque también es verdad, por lo que sé de aquella conversación, que los amigos de mis padres no dejaron de hablar de política, ¡siempre con sus temas! Y desde luego que habrán revelado, sin mayor tapujo, las preferencias partidistas de mí familia, entonces… pensara que yo también, no no lo creo, no parece de esas personas que se apresuran a sacar conclusiones.

Pero […] ¿y si no? ¡¿qué voy a hacer?! ¿será de esas personas que se agrupan con otras sólo tomando en cuenta sus preferencias políticas? No, tampoco me dio esa impresión, aunque quizás crea que soy un cobarde por estar pensando todo esto en tercera persona, y si así fuera ¿qué? Acaso no fue León quien nos enseñó que uno puede hablar de sí mismo mediante el uso de la tercera persona, ¡¿cómo quiere que me piense?! más aún, ahora que precisamente estoy tratando de recordar a un personaje de Tolstoi, ¡¿con pronombres?!, menudo jaleo tenemos ya con los pronombres en estos momentos, además, en castellano es perfectamente válido omitir el pronombre, entiendo que no es así en otras lenguas, ¿para qué queremos más pronombres? si a fin de cuentas no tenemos la costumbre de expresarlos, de ahí que uno se percate de los bulos que circulan en los encabezados, el otro día leí uno, que decía que un entrevistador había sido fuertemente criticado, por no dirigirse a la entrevistada con ese pronombre neutro que un sector impulsa en nuestra lengua, por qué tendría que dirigirse un entrevistador, en cualquier idioma, a su “entrevistade”, con un pronombre en tercera persona, sea masculino, femenino o neutro, ¡todo un bulo!.

Por otro lado, a decir del narrador de la obra de Tolstoi, Kutúzov “[…] en general nunca hablaba de sí mismo […]” y en eso yo me identifico con él, al menos dentro de ciertos círculos procuro evitar el discurso autorreferencial, lo que me plantea cierta dificultad en estos momentos en los que estoy tratando de escribir un relato autobiográfico.

Kutúzov, en La guerra y la paz, fue el general que combatió contra las tropas Napoleónicas, entonces estarías tentado a pensar que el tema de esa novela histórica es la Invasión Francesa en Rusia, o mejor aún, como le gustaba decirlo a su autor, el desplazamiento de los pueblos de occidente hacia oriente en un primer tiempo, y el de los de oriente hacia occidente en un segundo momento; sin embargo, la temática es mucho más amplia, por ejemplo, muchos historiadores lo consideran un punto historiográfico, que marca la inflexión entre la historia centrada en los héroes y grandes hombres, y la historia centrada en la masa de individuos arrastrada por los acontecimientos.

Más aún, si consideramos el epílogo, que es la parte mayormente conocida por todos, nos damos cuenta que Tolstoi condensa en éste las reflexiones desplegadas en su historia, sobre la causalidad histórica sí, pero también las relaciones de la moral con la historia y con el derecho, la justicia, la teleología de los asuntos individuales y sociales, el poder, la representatividad, el libre albedrío, la conciencia como autoconocimiento, pero también como oposición a la razón, asociando la primera con la libertad y la segunda con la necesidad, además de la ética, el juicio, así como una reflexión epistémica en clave de la física newtoniana, trata también de las ciencias sociales y su relación con la historia, y compara, además, la narración estética e histórica, describe una suerte de inconsciente psicológico, al tratar de los actos automatizados y los voluntarios, ¡ah! Y desde luego, la obra en su totalidad está plagada de matrimonios, un tema que se desarrolla de múltiples maneras; finalmente, también aparece el ajedrez como metáfora de la guerra, aunque en menor medida que las bodas, esto a pesar del título en cuestión, o quizás por ello mismo.

Sin haberme percatado antes, ahora me doy cuenta que en los dos últimos párrafos he pasado a un lenguaje más propio de la exposición académica, empero he mantenido la tercera persona, lo que quizás indique, que se ha producido un desplazamiento de ese interlocutor imaginario, a través del cual estoy intentando desarrollar esta autobiografía, lamento si tal desplazamiento decepciona a alguien, pero es indudable que la vida académica ha sido una parte importante de mi experiencia adulta, así como la lectura me ha acompañado desde mi más temprana infancia.

Desde luego, que no sólo leo y enseño, sino que hago, y he hecho, muchas cosas más, pero como se puede colegir por el título de este texto, el recorrido autobiográfico que me he propuesto hacer, pretende explorar los caminos que me llevaron a pensar en la operación inconsciente que está detrás de la Inteligencia Artificial, tal derrotero está plagado de lecturas, las que sin lugar a dudas, y en más de una forma, son parte de mi experiencia vital, por lo que quizás hubiera sido pertinente, en vez de relato autobiográfico, nombrar a este ejercicio como relato “auto-bibliográfico”, cabiendo así la posibilidad de preguntarse ¿en qué se distinguiría tal cosa de un escrito académico?

Yo creo que si hay una diferencia importante, porque en este ejercicio, a diferencia de la presentación que hice el año pasado en este mismo seminario, aparecen los recuerdos y cambian los referentes bibliográficos, muchos de los cuales estarían de más en un texto estrictamente académico, expurgado de todos aquellos instantes, propiciados por la lectura y la vida social, tanto en su forma presencial como virtual, en los que una frase, una imagen, la paleta de colores del día a día, un recuerdo, o un gesto, me han abierto nuevas brechas para reflexionar sobre la inteligencia artificial, también pienso que mucha de la bibliografía que emplee en aquella ocasión, sin que la haya perdido de vista, ha dejado de estimular mi pensamiento, por lo que su inclusión aquí se notaria forzada.

La otra razón, que encuentro para no llamar a esto una “auto-bibliografia”, es librarme del daño mental que pudiera ocasionarme la idea de que las lecturas han sido excesivas, lo que quizás sólo sea un rumor literario, pero conocedor de las distintas mutaciones que sufrió el personaje más celebre, aquejado por este mal, prefiero evitar las consecuencias que tales metamorfosis pudieran tener en una autobiografía, prosigo entonces, faciendo y desfaciendo entuertos con mis sesos, entusiasmado por la posibilidad de encontrarme, en la soledad de sus tupidas madreselvas, con esa oscura golondrina, que otrora juguetona viniera a visitarme, para sin dudar, y desde ya, nombrarla mi dulcinea.

Si la guerra es el telón de fondo del que se valió Tolstoi para plasmar tantos temas, los hombres que dirigen el combate representan también eso que se desplaza de un lado a otro con sus ejércitos, tras la Revolución Francesa emerge del lado de occidente:

Ese hombre, sin convicciones, sin principios, sin tradiciones, sin nombre, ni siquiera francés, por un concurso de circunstancias extrañas, se destaca entre todos los partidos que agitan el país y, sin comprometerse con ninguno, alcanza el puesto más importante.

Por contrapartida, el narrador de La guerra y la paz nos ofrece también un retrato de Alejandro I:

¿Qué necesita el hombre, que, haciendo sombra a los demás, figura a la cabeza del movimiento de Oriente a Occidente?

Necesita tener el sentido de la justicia, el interés por los asuntos de Europa, pero lejano, no oscurecido por mezquindades; necesita la preponderancia moral sobre sus colegas, los monarcas de su tiempo. Se precisa una personalidad amable y atractiva. Se precisa que Napoleón lo haya ofendido personalmente. Todo ello concurre en Alejandro I.

Alejandro I sería tan importante en ese momento, como Kutúzov lo había sido para la salvación y la gloria de Rusia; sin embargo:

Kutúzov no entendía ni podía entender lo que significaban Europa, el equilibrio, Napoleón. Al hombre que representaba al pueblo ruso, una vez que el enemigo fue derrotado, liberada la patria y puesta en el pináculo de la gloria, a ese hombre, como ruso, nada le quedaba por hacer. Al hombre que era la personificación de la guerra nacional no le quedaba más que morir. Y murió.

Estos esbozos biográficos que nos ofrece La guerra y la paz, me permiten poner sobre la mesa un contraste más que está en juego en esta obra de Tolstoi, representado por la dualidad “romanticismo/realismo”, incluyendo la vertiente naturalista del último, a lo largo de sus páginas uno puede captar la tensión que viven sus personajes, influenciados por las ideas que nutren estos movimientos estéticos y literarios, tal es el caso de la discusión que sostienen, en el capítulo XI de la segunda parte del libro segundo, el Príncipe Andréi y Pierre.

O bien, la manera en que el narrador omnisciente pinta a Napoleón como un estratega racional, que comanda la guerra, como si de una partida de ajedrez se tratara, mientras que al pintar a Kutúsov, nos dice:

Sabía bien que las batallas no se resuelven por las órdenes del general en jefe, ni por el sitio que ocupan las tropas, ni por el número de cañones ni por el de bajas, sino por esa fuerza inasible que se llama espíritu y moral del ejército. Procuraba, pues, cuidar esa fuerza y guiarla hasta el límite de su poder.

Por otro lado, los enamoramientos, amoríos, decepciones amorosas y tragedias maritales, que transcurren en la novela histórica, solo están captados desde la perspectiva de los personajes que conforman la corte rusa, de los sentimientos de los mujiks, campesinos y demás clases bajas, apenas y se pueden inferir ciertas cuestiones de manera muy tangencial, pero ninguna de ellas relativa al amor en pareja y a las heridas morales, que a la manera en que las concibió Pinel, aquejaban a los personajes de la corte, lo mismo a la Natasha joven y enamoradiza, que a ella y a la princesa María tras la muerte del príncipe Andréi.

La referencia a Pinel es mía, pues no se le nombra en toda la obra, de hecho, el único médico que es referido por su nombre es Larrey, tampoco se menciona a Pirorogof, lo que se entiende debido a que el príncipe Andréi cayó herido del lado de los franceses, sin embargo, sí se hace referencia, en repetidas ocasiones, a las heridas morales, gracias a lo cual, me percato de las consecuencias que estas tienen para la acción de los personajes. Por lo que no me resulta difícil pensar en Pinel, después de leer un párrafo como aquel con el que inicia el primer capítulo de la cuarta parte de La guerra y la paz:

Cuando el hombre ve morir a un animal se apodera de él el terror. Eso mismo que él es, su propia esencia, desaparece ante sus ojos y deja de existir; pero si en vez de un animal se trata de un semejante, y de un ser al que se ama, entonces, además del terror que inspira la extinción de la vida, se produce un desgarramiento, una herida moral que, como la física, puede llegar a matar y puede curarse, pero siempre resulta dolorosa, sensible a cualquier contacto exterior inoportuno.

Al leer esto, no sólo recuerdo el Tratado Médico Filosófico de la Enagenación del Alma o Manía, sino algunos de los casos, que desde que lo leí por primera vez, me impresionaron fuertemente, como el de aquel paciente, que tras haber recibido el tratamiento moral, y haber permanecido internado durante largos meses, fue considerado curado del delirio que lo hacía creerse Napoleón, debido, a que al ser interrogado, por Pinel y su equipo, él respondió con su nombre verdadero en repetidas ocasiones, al darlo de alta le entregaron sus pertenencias y lo encaminaron a la puerta del nosocomio, hasta que al firmar la hoja de salida, estampó el nombre de Napoleón, situación que le costó haber sido internado nuevamente.

Conozco bien este libro gracias a la generosidad de mi maestro el Dr. CVT, quien me obsequió un ejemplar de la edición castellana traducida por el Dr. Luis Guarnerio, fechada en 1804.

Siendo verdad que CVT ha sido mi maestro en toda la extensión de la palabra, también lo es, que fue el único profesor que tuve de Antropología Médica, cuando fui alumno en este mismo Departamento, subrayo el único en su calidad de singular, pues aunque existían otros profesores que impartían esos contenidos, ellos no fueron ni han sido mis profesores, creo que vale la pena decirlo, debido a que en los últimos años es frecuente encontrar rostros nuevos en este Departamento, y quizás también, para enmendar alguna falsa atribución, en lo que a genealogías académicas se refiere, que recayó sobre mi persona hace ya algunos años, en un evento celebrado en el auditorio de la Academia Mexicana de Cirugía.

Bueno, pero volviendo al libro de Pinel, si al de Pinel, además del paciente que deliraba creyéndose Napoleón, existen otros casos que llamaron mi atención, pongamos, por ejemplo, el del paciente que fue internado debido a que cayó en un estado de manía, a consecuencia de tratar de producir una máquina de movimiento perpetuo, una idea delirante, en franca oposición a los principios del movimiento de Newton, que por aquel entonces se divulgaban en Europa.

Recuerdo también, que un día me encontraba leyendo el libro, sentado en aquel sillón de cuero rojo que estaba dispuesto frente al escritorio de CVT, y que al parecer, en otro tiempo, también había adornado la oficina del Dr. Ignacio Chávez, mientras CVT resolvía algunos asuntos de la jefatura, y yo me interesaba cada vez más por el contenido del Tratado Médico-Filosófico, entró a la oficina el Dr. JLD, quien probablemente este hoy aquí, de ser así, le ofrezco mis disculpas por ignorarlo en este instante, para poder continuar elaborando mi recuerdo, tal y como lo concebí en el momento de escribir esto.

Bueno, les decía que entró JLD, y contrario a su costumbre, pues suele ser recatado, irrumpió con cierta emoción mi lectura, para decirme que el libro que tenía yo en mis manos era una edición facsimilar, tal afirmación me sorprendió, a pesar de que alguna sospecha había surgido en mí, por lo bien conservadas que estaban sus páginas y por el tipo de papel, que no parecía coincidir con la fecha de la edición; sin embargo, el libro no posee ninguna indicación de que es un facsímil.

Acto seguido, JLD nos dijo que se trataba de una edición que había realizado y costeado, de su propio pecunio, su maestro, el Dr. Dionisio Nieto, y que había sido tal la generosidad y la modestia de su querido maestro, que había prescindido de indicar de cualquier forma que se trataba de una reproducción facsimilar, lo anterior lo había realizado sin fines de lucro, sino con la intención de poner al alcance de alumnos y colegas este clásico, del que es, por muchos, considerado como el fundador de la psiquiatría moderna.

En resumen, las palabras del Dr. JLD constituyen, hasta hoy, un ejemplo de juicio moral que recae sobre una acción efectuada por el Dr. Nieto, su juicio, como he dicho, fue positivo, pero como cualquier otro razonamiento con estas características, puede ser revisado, refutado o aceptado, no solo a la luz de las ideas morales y éticas, sino también en función del derecho, al menos sí se dejan de lado algunos supuestos iuspositivistas, y se parte de las escuelas del derecho que aceptan que dicha disciplina tiene una relación con la moral.

Si alguien quiere proceder así, ahora que la lista de delitos que no prescriben va en aumento, puede hacerlo, aunque quizás valdría la pena que tomara en cuenta que el ISBN se instituyó en México en 1977, así como las peculiaridades temporales en lo que en materia de depósito legal se refiere, pues ni estas, ni otras prácticas, hoy comunes en la producción de libros y facsímiles han sido sempiternas, lo que viene a plantearle algunos problemas morales al razonamiento histórico, de los que ya se ocupaba Tolstoi en La guerra y la paz.

En lo que a mi concierne, del arsenal de cuestiones que dicha obra contiene, hay tres preguntas filosóficas que me inquietan en estos momentos, ¿Es posible conocerse a sí mismo? ¿Cómo llevar una vida buena? ¿Cómo tratar bien a los demás?

Con la primera de estas preguntas estoy cambiando el precepto de la filosofía clásica “conócete a ti mismo” por una expresión no solo interrogativa sino dubitativa, lo que en principio me parece preferible, pues como sostenía Tolstoi:

Para que una orden pueda ser fielmente cumplida es preciso que la persona que la da sepa que es realizable. Sin embargo, es imposible saber lo que puede o no ser realizable.

De ahí que, para cumplir con el precepto clásico, no sólo sea necesario preguntarse por la condición de posibilidad que uno tiene de conocerse a sí mismo, sino, ¿hasta dónde puede uno llegar a conocerse?, en otras palabras ¿dónde está el límite de mi conciencia? Y no sólo de la conciencia de mí, sino, si queremos atender a las otras dos cuestiones, ¿cómo vivir una vida buena? Y ¿cómo tratar bien a los demás?  también se hará necesario explorar el límite de mi conciencia sobre eso que me rodea, es decir, mi mundo social y cultural, tanto en sus formas presenciales como virtuales.

Desde luego, que responder a esas preguntas sería más fácil, si no se me hubiera ocurrido meter en todo esto al autor de Ana Karenina, lo digo no sólo por la basta cantidad que su obra tiene de comentaristas, sino por el abrumador desacuerdo acerca de si sus obras cumplen más con un perfil realista, o bien, se encuadran mejor en el romanticismo, esto último complica la cuestión, pues exceptuando los cuadros sinópticos empleados por los profesores de educación media, no parece haber un acuerdo entre estudiosos del tema, sobre las generalidades que caracterizan al Romanticismo.

Consciente de esta situación, Isaiah Berlin se rehúsa a generalizar sobre el periodo, evitando así los saltos temporales que se pueden dar al encontrar ejemplos, provenientes de épocas anteriores, que cuadran con el intento generalizador, entonces, en lugar de intentarlo, prefiere ofrecernos lo que él denomina un patrón dominante, lo que le permite declarar que:

La importancia del romanticismo se debe a que constituye el mayor movimiento reciente destinado a transformar la vida y el pensamiento del mundo occidental. Lo considero el cambio puntual de más envergadura ocurrido en la conciencia de Occidente en el curso de los siglos XIX y XX, y pienso que todos los otros que tuvieron lugar durante ese periodo parecen, en comparación, menos importantes y están, de todas maneras, profundamente influenciados por este.

El teórico, oriundo de Riga, y nacionalizado inglés después de la Revolución Rusa, en su ensayo sobre el Romanticismo, también nos aporta una caracterización de la ilustración a través de tres proposiciones, aclarando que no son exclusivas de ese periodo, aunque si lo es la versión que de ellas nos ofrece el iluminismo, tales principios serían:

  1. Toda pregunta de carácter genuino puede responderse, de lo contrario no es en realidad una pregunta. Este principio, con diferentes versiones, es común a los cristianos, escolásticos, ilustrados y positivistas.
  2. Todas estas respuestas son cognoscibles y pueden descubrirse por medios que se pueden aprender y enseñar a otros.
  3. Por una imposibilidad lógica, se deduce que todas las respuestas han de ser compatibles entre sí, ya que, si no lo son, se generará el caos.

También ejemplifica las respuestas de los hombres ilustrados frente a distintos temas, mostrando que no fueron uniformes, a pesar de que compartían la idea de que había una sola forma de llegar a estas, es decir, mediante el uso de la razón, deductivamente como en la ciencia matemática, inductivamente como en las ciencias de la naturaleza, considerando, en suma, que la virtud reside en el conocimiento, y que todas las virtudes eran compatibles entre sí, incluyendo la igualdad, la libertad y la fraternidad, o bien, la justicia y la misericordia.

Caracteriza, además, el ideal estético ilustrado como:

[…] la capacidad de visualizar el ideal interno y objetivo hacia el que tendían la naturaleza y el hombre, (ideal que es tomado por los artistas del periodo) para encarnarlo de alguna manera en una noble pintura […] (de tal forma que, habiendo) cierto tipo de parámetro universal, […] el artista puede incorporarlo en imágenes, del mismo modo en que el filósofo o el científico lo hace en proposiciones.

El tratado de Pinel contiene un ejemplo que ilustra bien, tanto la caracterización hecha por Berlin de la estética ilustrada, como las discusiones que se suscitaban en la época, este se encuentra en la sección tercera, dedicada a las investigaciones anatómicas sobre los vicios de conformación del cráneo de los locos, sección en la que Pinel indaga las alteraciones cerebrales y craneales que pudieran ser el origen de la enfermedad mental, en ella expone los métodos de los que se vale para buscar tales lesiones, a partir del capítulo V, después de haber agotado la disección cerebral, introduce un método, que al día de hoy resulta por demás curioso, pues para responder si la anatomía del cráneo guarda relación con la energía de las funciones del entendimiento, recurre a comparar la anatomía de los cráneos de las colecciones del Museo de Historia Natural y de los gabinetes de la Escuela de Medicina de París, así como las de sus propios pacientes, nada más y nada menos, que con la cabeza del Apolo Pitio, resguardado a la sazón en el Museo de París, y a relacionar las proporciones de las mismas con las proporciones del cuerpo, en donde esto le fue posible, sin entrar en detalles, su conclusión es que sólo en la idiocia, particularmente la de tipo hereditario, es que puede haber alguna correlación, no así para las demás formas de enfermedad mental contenidas en su clasificación.

El detalle que aquí me interesa resaltar, aparece en una nota al pie, en la que justifica su elección de la cabeza del Apolo, citando la apreciación, que en el texto castellano se atribuye a un tal Winhelmann (sic), por lo que puede pensarse que en dicha traducción existe un error tipográfico, debiendo decir Winckelmann, a quien le atribuye sostener que “la estatua del Apolo es sin contradicción la más Admirable. El artífice concibió esta obra según un modelo ideal […]”

Johann Joachim Winckelmann es bien recordado por los historiadores del arte, pues fue un arqueólogo y teórico, artífice importante en el desarrollo del neoclasisismo ilustrado, entre sus obras se encuentran sus “Reflexiones sobre la imitación de las obras griegas en la pintura y la escultura” publicada originalmente en 1755, en ella habla de la importancia que la vida y las costumbres griegas ejercieron en la producción artística, resaltando que:

Estas abundantes ocasiones para observar la naturaleza favorecieron que los artístas griegos fueran todavía más lejos: comenzaron a formarse ciertos conceptos universales de la belleza, tanto de partes aisladas como de todas las proporciones de los cuerpos, que se elevaban por encima de la misma naturaleza; su modelo primigenio era una naturaleza espiritual concebida por el sólo entendimiento.

En la nota al pie del Tratado, Pinel se manifiesta de acuerdo con Winckelmann en cuanto a su apreciación del Apolo; sin embargo, a diferencia de aquel, sostiene que en efecto:

Solo en el hermoso clima de la Grecia, donde el cuerpo adquiría su desarrollo por los exercicios del gimanasio, pudieron elevarse los artífices a este conocimiento, y trasladarlo a las obras maestras de la escultura.

A diferencia de lo que podría ocurrir hoy en día, en donde no sólo es imposible sostener un canon de belleza único, sino también suponer que la belleza es la única finalidad del arte, el siglo XVIII si sostenía aún la noción de un canón estético estrechamente vinculado con lo bello, razón por la que la discusión que se vislumbra a través del pie de página contenido en el Tratado, no se desprende de los desacuerdos que Pinel y Winckelmann pudieran tener sobre el canón en cuestión, sino sobre si tal canón es el resultado refinado de la naturaleza o de su imitación, en otras palabras, el desacuerdo se genera en esa brecha que existe entre el deber ser y el ser, un asunto que no sólo ha preocupado al arte, y de ahí la importancia de la dicotomía entre romanticismo y realismo con su vertiente naturalista, sino también a otras disciplinas como la medicina, el derecho o la política.

Aunque en términos generales esa brecha está presente en diversas disciplinas, cada una tiene sus particularidades, por lo que no puedo imaginarme moviendome entre una y otra como si fuera un estafermo, invocando públicamente, con la mano que sostiene el escudo, a la ley, para girarme inmediatamente después a solicitar su incumplimiento. Pero si no ha sido así ¿Qué ha hecho que de la teoría del arte me desplace hacía la teoría moral? Quizás sea la búsqueda de una teoría del valor, en tal caso no debería de perder de vista la economía, lamentablemente eso alargaría mucho el razonamiento, por lo que dudo que pueda, siquiera, esbozarla aquí.

Me parece entonces que, por lo pronto, bastará con centrarme en la relación que guardan los valores estéticos que se me han venido a la mente y que he plasmado en líneas previas, con las teorías del valor que inciden en la moral, el derecho, y la teoría política, a este respecto las contribuciones de Berlin han sido reveladoras, pues es sabido, que a partir del verso de Arquíloco que reza “El zorro sabe muchas cosas, pero el erizo sabe una importante”, Berlin ha propuesto no sólo una interpretación en la que sugiere que pese a su astucia, el zorro sucumbre a la única defensa del erizo, esta metáfora no sólo le sirvió para ofrecer, con las debidas precauciones, un cuadro clasificatorio de las personalidades artísticas e intelectuales, sino también para producir una teoría del valor que ha sido confrontada por otro pensador liberal, también fuertemente interesado en la teoría política y en los derechos humanos, como lo fue Ronald Dworking, quien a lo largo de sus escritos, y en particular, en su libro Justicia para erizos intenta refutar la tesis del pluralismo valorativo de Berlin, a través de su tesis de la unidad del valor.

Si bien, ambos autores parten de una perspectiva objetivista de los valores, la tesis de Berlin se puede sintetizar sosteniendo que los valores últimos, es decir, aquellos que representan un fin en si mismo, y no medios para alcanzar otros fines, suelen ser plurales, tanto a nivel cultural como individual, lo que impide cualquier tipo de síntesis final; sin embargo, Berlin evita el relativismo moral, al considerar que el derecho no es sólo un conjunto de normas, sino ante todo una práctica, y si con respecto a su primera vertiente, es decir, la teoríca, el derecho aspira a cierto tipo de equilibrio, con relación a su vertiente práctica, el conflicto, es para Berlin, inevitable, como inevitable es la decisión que obliga a tomar, junto a la necesidad de que dichas decisiones, sean prudentes y guiadas por una intención conciliadora.

Por su parte, Dworking retoma la metáfora de los zorros y los erizos, para considerar que la única cosa que sabe el erizo es la unidad del valor, la idea de que los valores éticos, que asumimos para responder a la pregunta sobre cómo vivir bien, y los valores morales, que están implícitos en la pregunta sobre cómo tratar bien a los demás, son interdependientes, y que conforman una unidad de apoyo mutuo, más que de conflicto.

Dos pilares que son importantes en la defensa de la tesis de Dworking, están constituidos por su distinción entre conceptos criteriales, aquellos que usamos para clasificar, y los conceptos interpretativos, los primeros se caracterizan por constituir la connotación del concepto, de tal forma que cuando surge un conflicto a partir de ellos, en realidad es debido a que no se estan usando los mismos criterios que configuran el concepto, mientras que en el caso de los conceptos interpretativos, su uso presupone, de acuerdo con Dworking, una práctica compartida del concepto.

Y a proposito de prácticas, en principio literarias y no jurídicas, en el estílo de Tolstoi empleado en La guerra y la paz, es posible reconocer el uso de iniciales al tratar de ciertos asuntos de índole moral, involucrando al lector en la cuestión, pero manteniendo la discresión con respecto a los implicados, a la manera en que hoy se ve que se emplea en los programas noticiosos de la TV para proteger la identidad de los detenidos e imputados, respetando así un derecho humano como lo es la presunción de inocencia, está misma estrategia es empleada por Dworking al momento de plantear casos hipotéticos, y personalmente me ha resultado útil como estrategía pedagogica; sin embargo, no basta la simple implementación de signos algebraicos, porque hay que deslindar bien los valores que están en juego y eso supone tener suficiente información del caso, para después poder trabajar con los valores en cuestión y no sólo externar la primer opinión que se nos venga a la mente.

Si, por ejemplo, yo digo, imaginen el siguiente caso: A le otorga permiso a B en presencia de C, de ir, digamos a Roma, o mejor aún, a Marruecos, diciendo que le otorga tal permiso con la intención de que C se enfade, y procedo inmediatamente a preguntar si A a actuado correctamente, seguramente tendré respuestas afirmativas y negativas, que han sido construidas por quienes me escuchan hoy, pues estos no son ejemplos extraidos de mis clases, en función de una serie de experiencias y datos que ellos mismos traspolan al caso, pero que no pertenecen al caso, esta falta de información es frecuentemente utilizada por ciertos medios, para que su audiencia tome una postura frente a un caso incompleto, lo mismo si se dice que Q y P le cantaron a un monarca extranjero después de una reunión, que si se asegura que T utilizó la religión, para intentar sembrar la discordia entre amigos, durante una celebración de aniversario de bodas, la audiencia completará los casos con su propia experiencia.

Los ejemplos anteriores no sirven para analizar valores, pues no nos aclaran qué valores son los que están en juego, ni tampoco las intenciones de los actantes de hacer tal, o cual cosa.

Para que esto ocurra es necesario que yo plantee un caso hasta aislar sus valores, y que pueda comprender las intenciones de los involucrados, por ejemplo, imaginemos que C, D, E, F, G, y H son invitados a cenar a casa del matrimonio A y B, y durante la sobremesa, A hace pública una promesa de B que recaé sobre D, digamos que lo hace, debido a que su personalidad tiende a ser indiscreta, todos, excepto D, se alegran de conocer la promesa que B le ha hecho a D por boca de A, pero al notar que D no responde como ellos esperan que lo haga, tras recibir la noticia de tal promesa, guardan silencio, en los días subsecuentes se dedican a elucubrar sobre los motivos que ha tenido D para rechazar la promesa de B, se construyen versiones y las intercambian, pero nadie pregunta a D, más aún, G, que es el invitado más influyente dentro de los circulos sociales de esos sujetos, se dedica a dar a conocer su interpretación de lo ocurrido a un gran número de personas, y a tomar decisiones con la firme convicción de que su interpretación es la correcta, digamos que su interpretación es que D ha rechazado la promesa de B, debido a que piensa que este último es un mentiroso y un farsante que no va a cumplirla, G logra convencer a un número importante de sujetos de que su versión es la correcta, y durante los siguientes años todo trascurre de acuerdo con la interpretación hecha por G, sin que nadie le pregunte a D.

Pero, pasado ese tiempo, alguien le pregunta a D, y este responde que no pudo aceptar la promesa de B, debido a que la misma no provino de él, sino de A, y que él tiene la firme convicción de que una promesa, para ser válida, tiene que provenir de quién con ella expresa su voluntad y no la de un tercero, lo que señala una diferencia interpretativa, cuyo origen probablemente pueda deberse a diferencias culturales entre D y G, y quizás también con el resto de los asistentes, a quienes no les ha importado quién ha proferido la promesa, hasta aquí solo tendríamos un buen argumento para una comedia de equívocos, esto debido a que G y D no comparten los mismos criterios sobre el concepto de promesa, existe un diferencia cultural respecto a si tal promesa es valida y por tanto debe ser aceptada o no.

Pero, ¿qué pasaría si desde un principio se hubieran conocido las razones de D? entonces tendríamos dos versiones, que emergen de dos convicciones culturales distintas, mismas que han determinado dos versiones interpretativas sobre los mismos hechos, ¿Serían ambas igualmente válidas? ¿Tenemos la libertad de creer por igual en la que se ajuste mejor a nuestras propias convicciones? O más aún ¿a nuestras conveniencias? La respuesta, tanto de Berlin como de Dworking, es evidentemente que no, ya que ambos rechazan el relativismo moral.

Si la versión dada por D era conocida, entonces G pudo haber objetado que no compartía los valores implicitos en dicha versión, por ejemplo, pudo haber argumentado que A no había sido indiscreto, sino que había ejercido su libertad de expresión, y que ello no le restaba validez a la promesa en cuestión, pero nunca debió de haber propagado su propia versión, pues conocida la de D, aquella perdia todo sustento, ahora bien, si nos quedamos con la objeción de G sobre la libertad de expresión, entonces si habremos logrado deslindar el valor del resto de consideraciones, y no cualquier valor, sino, de hecho, un valor último, es decir, ese tipo de valores que representan un fin en sí mismos, debido a que la libertad de expresión no es, sino una forma de manifestación de la libertad, a partir de aquí los argumentos sobre la libertad, tanto de Berlin, a quien se le deben los conceptos de libertad negativa y positiva, como las objeciones planteadas por Dworking, introduciendo una distinción, en el uso coloquial de los términos ingleses freedom y liberty, son bastante conocidos, siendo fácil preveer los resultados que conllevan para el caso así planteado.

Por otro lado, me dije que dejaría el análisis del valor económico para otro momento, pero voy a hacer una pequeña anotación, si bien el valor de cambio ha servido a sociólogos y antropólogos para estudiar los intercambios simbólicos en diversas sociedades, a partir de las que se han descrito, por ejemplo, la kula y el potlatch, probando que el valor de uso no siempre ha sido equivalente al valor de cambio, sino que, en muchos casos, el valor de cambio cumple una función social de prestigio y distribución jerárquica, incluyendo las formas en las que mujeres u hombres, según se trate de sociedades patriarcales o matriarcales, se dan en intercambio o matrimonio, este no es el tipo de abordaje que en principio estoy pensando, tampoco el de los enfoques marxistas, ni el de economistas contemporáneos harto citados, como Thomas Piketty, quien en su libro, El Capital en el siglo XXI, documentó la regularidad empírica con la que, en las economías avanzadas contemporáneas, la tasa promedio de retornos del capital, excede la tasa promedio de crecimiento de la economía.

Pienso más bien, en la explicación que le da, tanto al fenómeno documentado por Piketty, como a las otras interpretaciones económicas, Katharina Pistor, quien en su libro, El Código del capital: cómo el derecho crea riqueza y desigualdad, fundamenta la tesis de que las metamorfosis del capital van acompañadas de la propagación de ciertos módulos del código legal, propios del derecho privado o mercantil, que, o bien son dirigidos hacía activos siempre nuevos, o bien, retiran ciertos modulos legales a ciertos otros activos, lo que entre otras cosas, le permite a la profesora de leyes de la universidad de Columbia, explicar cómo se gestó la crisis economica de 2007- 2008.

Personalmente, lo anterior me permite explicar, por qué a pesar de lo mucho que se ha teorizado sobre el consentimiento informado, a nivel práctico, encuentro que el código legal que se desplazó hacia ese activo, no ha podido superar la forma de un contrato de adhesión, debido a una malainterpretación derivada de un ejercicio defensivo de la medicina.

Desde luego, que eso me preocupa a mi, no así a Berlin o Dworking, que están ocupados en analizar los valores últimos, mientras que los valores económicos no entran en la categoría de valores que son un fin en si mismos ¿o si? Supongo que son sólo un medio, ¿pero un medio para qué fines, despues de lo mostrado por Piketty?, en fin, el detalle del análisis, por lo pronto, se me complica, lo inaudito es que, como sucede con tantos otros temas, a su manera, éste ya estaba presente en La guerra y la paz, sí, en la discusión, a la que aludí anteriormente, entre el principe Andréi y Pierre.

Y es que uno no puede ir por ahí diciendo que ama los autos, pensando que su amor basta para poner a tiempo el motor del coche, tampoco, puedo ir diciendo que amo las instituciones, así en abstracto, pues sean estas las instituciones financieras o cualesquiera otras, el código legal, como las bujías del motor, se encuentra en su seno, junto a otras piezas indispensables que han sido puestas ahí por quienes crean automoviles o instituciones, así me percato, que el México Porfiriano contó con instituciones, al igual que el México Revolucionario, pero también las tuvieron la Alemania Nazí, la Rusia Zarista, la España Franquista y la URSS de Stalin, y, tratándose de política, no puedo amarlas a todas por igual.

Por otro lado, si el código legal configura y desconfigura instituciones, con una rapidez mayor, si lo camparo con la que, hasta ahora, ha tenido el código genético actuando sobre la Evolución biológica, pienso que la tasa de cambio del código legal en los últimos años, sólo es comparable con la tasa de cambio que ha sufrido el código computacional, por cierto, algunos teoricos del derecho, sostienen que tal velocidad de recambio del primero es contraria al Estado de Derecho.

Recuerdo la primera vez que leí sobre la posibilidad de crear una interfase entre un componente electrónico y el cerebro, era estudiante del plantel Sur del Colegio de Ciencias y Humanidades, entonces era un asiduo lector de temas científicos, recuerdo haber leido con entusiasmo diversas obras de divulgación, entre ellas la de Oparín, pero también la de A L-A, a quien, por cierto, conocí en las aulas años después, cuando me dedicó su libro, recuerdo que por aquel entonces, cierto fervor nacionalista del Dr. L-A, provocaba en él antipatía hacía la figura histórica de Pasteur, entonces yo tampoco empatizaba mucho con el químico francés, sino que me resultaba más simpático Ilia Metchnikoff, mientras que lo de la invasión francesa a México, a mi no me quitaba el sueño.

Bueno, pero regresando a mis años de estudiante del CCH, gozaba por entonces de los beneficios que me otorgaba el Programa de Apoyos y Estimulos a Estudiantes Sobresalientes de esa institución, que, entre otras cosas, me permitió disfrutar de descuentos en los conciertos de la OFUNAM, así como la posibilidad de gozar de una suscripción con cuota reducida a dos revistas de mi elección, yo recibía en casa, la revista ICYT y también Ciencia y Desarrollo, ambas editadas por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, entre sus páginas, me recreaba leyendo la sección Descubriendo el Universo, coordinada por el Dr. Arcadio Poveda y el Ingeniero de la Herran, o con artículos que abordaban los temas más diversos, como pudo ser, el sistema cerebral de las emociones, números monográficos dedicados al órgano de la piel, temas de ecología, asuntos topológicos, cambios tecnológicos, o la posibilidad e implicaciones, de hallar, lo que entonces era, una supuesta particula elemental, llamada boson de Higgs, asuntos relativos a la política científica mexicana, biografías y revisiones de la teoría evolutiva, notas bibliográficas, o noticias sobre los ganadores del premio nobel en sus distintas áreas.

Ambas revistas tuvieron secciones de ciencia ficción, y fue ahí donde leí sobre la posibilidad de insertar un chip en el cerebro, que permitiera continuar con ciertas tareas de manera automática, sus autores, si mal no recuerdo, se imaginaban lo útil que podría resultar encender el chip, después de una noche de juerga, para evitar el malestar de la resaca, y poder continuar sin mayor problema con las actividades del día, leí aquel artículo sin saber, que años más tarde, no sólo conocería a su autora, sino que trabajariamos en el mismo edificio.

Lamento que sean demasiados recuerdos, yo no tengo un chip que reactive mi memoria, con resaca o sin ella, la mayoría de ellos tampoco los he vertido a las redes sociales, para evitar que su algoritmo me regrese de manera inoportuna lo que no es pertinente recordar, como quizas le ocurra a aquellos que han cometido la imprudencia de alimentar un algoritmo, que trabaja cual si fuera el calendario Más Antiguo de Galván, sin ningún criterio sobre el estado actual de las emociones, aunque siempre habrá quienes de una u otra forma, utilicen esos algoritmos para hacer circular ideas que resulten evocadoras, sin importarles la pertinencia de sus acciones, y a proposito de la pertinencia, desde aquí le agradezco la dedicatoria del libro al Dr. L-A, por supuesto, que a diferencia de él, no puedo opinar nada sobre la memoria de Oparin, pero si puedo decir que, en lo que a mi respecta, yo he preferido, hasta ahora, obviar la connotación de obituario propia de tal término.

Aunque no hay que perder de vista, que tratar de evitar cierta connotación, hasta donde sea posible, o bien, determinadas expresiones culturales o sensibles, no es igual que pretender cancelarlas, ni mi Dulcinea ni yo compartimos la sensibilidad de aquellos que han elogiado el himno a la celulitis, del escritor Enrique Serna, poniendo de relieve su cremosa invitación a la nalgada, más nunca hemos pretendido, como si lo hiciera cierta expositora en el MUAC, o como de hecho, lo hacen las reglas de las comunidades en las redes sociales, extirpar de tajo tales rasgos de personalidad

-[…] permiteme tantito  ya casí termino,

más aún,

esperame, por favor […]

permitanme un momento.

-Mira, querida Dulcinea, cuando pases del deber ser al ser serás como seas, y quizás nos llevemos bien o mal, eso ya me ha pasado con otras Dulcineas, que han hecho ese transito, pero, por lo pronto, no me interrumpas por favor, recuerda que hasta ahora sólo existes en mi imaginación, así que coincidiras conmigo, en que uno tendría que ser del otro bando…, no de ese no, me refiero al de los sadomasoquistas, para esculpirse una Galatea, o Dulcinea, que para el caso da lo mismo, que le resulte repulsiva, por lo que te pido, que me dejes concluir.

Perdón, estaba yo pensando, que las redes sociales le devuelven a la humanidad, una imagen incompleta de su contenido humano, nada muy nuevo en terminos mediaticos, salvo que no nos preguntemos, si esa imagen idealizada de las relaciones sociales, coincide con la imagen idealizada que buscamos alcanzar en nuestras sociedades.

En una sesión previa de éste seminario, repasé algunos desarrollos matemáticos que han servido para modelar el procesamiento en serie y en paralelo, tanto del cerebro, como de los sistemas de IA, en estos últimos, a través de redes neuronales artificiales, distinguiendo entre aquellos que se fundamentan en modelos de regresión, incluida la diferencia del gradiente y el algoritmo de backpropagation, de modelos basados en el perceptrón, más bien dirigidos a la identificación de imágenes.

Los modelos matemáticos, empleados por los ingenieros,  se han nutrido del desarrollo de las neurociencias, a la vez, que le han planteado nuevos problemas a estas últimas, es claro que ninguna IA, por sí sola, tiene la complejidad del cerebro humano, también está claro, que tratándose de funciones aisladas, muchas IA, tienen una potencia de cálculo infinitamente superior a la del cerebro humano, vale la pena, entonces, no obviar una verdad de perogrullo, las IA, son producto del pensamiento humano, contienen los aciertos, pero también los sesgos de quienes las programan.

El uso que, por lo pronto, les damos, puede representar ciertos riesgos, en la medida en que le estamos cediendo a distintas IA, la capacidad de decidir por nosotros, tal y como lo plantea Mireille Hildebrandt en su libro Smart Technologies and the End(s) of Law, donde, entre otras cosas, describe con acierto las limitaciones, que la domótica, y las IA, aún las que son parte integral de los automoviles, pueden imponerle a los usuarios, en nombre de su propia seguridad, por ejemplo, a partir de los datos biométricos obtenidos a través del reloj de pulsera de un individuo, es posible que este reciba una advertencia de que tiene que desplazarse en trasporte público, y que si usa su automovil, su seguro no se hará responsable por los daños que pueda haber durante el trayecto, esto dentro de cierto umbral de dichos datos biométricos, pues si tales datos excedieran tal umbral, entonces, dicho individuo no podría poner en marcha su automovil, o, en su defecto, comprar tales o cuales productos, debido a restricciones sanitarias, o de otra índole, detectadas por una IA.

Este tipo de ejemplos, que hoy suceden ya en ciertas partes del mundo, en última instancia ocurren en un plano consciente, los usuarios de estas IA recurren a ellas por decisión propia, sometiendo su voluntad a la decisión del algoritmo, el tipo de problemas, que de tales tecnologías se pueden desprender, dependeran, en gran medida, de las características del algoritmo en cuestión y su capacidad de inhibir la voluntad humana, lo que plantea un panorama muy amplio, que puede ir de un conjunto de seguridades aceptables, hasta la consumación de una sociedad de control, digna de las mejores narrativas distopicas.

Pero, como he dicho, todo eso transcurre y transcurrirá, en un plano consciente, en el mismo en el que puedo hallar a mi Dulcinea, pues la imaginación es un acto consciente, y como no la conozco, pero la imagino, creo que ella es el límite de mi propia conciencia, por lo que es menester encontrarla para poder proseguir con lo que está más allá de ese límite.

 Si entre los atributos con los que la he imaginado, esta su oído musical, entonces, la disyuntiva que afronto para alcanzar su belleza, es elegir entre el Facsimile de Leonard Bernstein  y La guerra y la paz, pero ahora la de Prokofiev y Mira Mendelson, casualmente, encuentro en el programa de la premiere de la versión original de la segunda obra mencionada, ejecutada por la Royal Scottish Academy of Music and Drama en 2010, una anotación extraida del poema Burnt Norton, de T. S. Eliot, las palabras se han posado ahí, sobre una página que simula estar rota, cual si fueran la golondrina que esperaba para dejarme ir tras ella, tal y como le hubiera gustado a Unamuno que lo hiciera,

Time present and time past

Are both perhaps present in time future,

An time future contained in time past […]

Lamentablemente, aquel concierto concluyó en la escena 11 de la segunda parte, aunque existen otras versiones del mismo, como la grabación de Mstislav Rostopóvich con la Orquesta Nacional de Francia y el coro de Radio France de 1988, que si llegan hasta la escena 13 de esa misma segunda parte. Las dos últimas piezas de esta escena, me evocan la imaginación musical de Petia, descrita en el capitulo X de la tercera parte del libro de Tolstoi, si bien, Petia no tenía educación musical, imaginó un himno, cuya descripción parece haber sido capturada por Prokofiev en este final, incluido el ruido de los caballos, en esas dos últimas piezas, el sonido aislado de los intrumentos se va integrando, fundiendose, unos con otros, hasta ese final épico en el que el coro canta la salvación de Rusia, cual si fuera el cortex prefrontal dorsolateral del cerebro, integrando los estimulos externos, palabras, frases, imágenes, sonidos, colores, en un todo coherente.

Ahora si parece pertinente retomar la pregunta ¿Puedo conocer aquello que está más allá de mi consciencia, sea preconsciente, inconsciente, etc.? Para algunos, la respuesta ha sido no, quienes piensen así consideraran que no se trata de una pregunta genuina en los términos descritos por Berlin lineas arriba, y quizás en parte tengan razón, particularmente si están considerando la introspección como método para responderla.

Pero, a través de otros métodos, si ha sido posible ofrecer diversas respuestas, que han llevado, no sólo a las ideas de un incosciente psicodinámico, con su teatro de la histeria, parafraseando el título del libro de un reconocido psiquiatra mexicano, sino también a explorar, por otros métodos, la percepción, la memoria, el aprendizaje, el pensamiento, la emoción, y el lenguaje inconsciente. El tema es muy extenso, pero, yo, por lo pronto, sólo quiero llamar la atención sobre dos cuestiones, una concerniente al cerebro humano, y la otra, relativa al aprendizaje de la IA y su relación con la anterior.

En cuanto a la primera, quiero resaltar las contribuciones de los experimentos de “ceguera atencional”, que han permitido evidenciar, como ciertos mensajes pueden ocultarse al cerebro consciente, y demostrar que estos mensajes subliminales disparan nuestro sistema de motivaciones y recompenzas sin la participación de la conciencia, a la que solemos sobreestimar en lo que concierne a nuestra toma de decisiones.

Todo parece indicar, que dicho proceso inconsciente, no se limita, como se pensaba anteriormente, a los núcleos contenidos en la amigdala y collicus cerebral y a los circuitos subcorticales, sino que estos experimentos arrojan evidencia, cuya validez específica me parecería muy importante de analizar, pero no ahora, que apunta a que, además del procesamiento subcortical asociado a funciones adquiridas durante la evolución temprana, diversas áreas corticales asociadas con actividades como la lectura y la aritmetica, también pueden operar fuera del control de la conciencia.

Por otro lado, el salto que han dado las IA, del Machine Learning convencional al Deep Learning, gracias al advenimiento del Big Data, que debe entenderse como población y no como extrapolación de una muestra, han incrementado enormemente la capacidad de los algoritmos no supervisados para detectar correlaciones y diferenciar las espúreas de las no espúreas, y si bien los métodos que utilizan estos sistemas de IA para hacerlo, son en principio, los mismos métodos estadísticos que empleamos en otras áreas, en busca de correlaciones, la potencia actual con la que pueden computar distintos trazos de datos dejados en la Web, les permiten, fácilmente, saltarse pasos en la búsqueda de dichas correlaciones, y una vez que han descartado las correlaciones espúreas, proceden a hacer correlaciones predictivas sobre nuestros comportamientos futuros.

Como señala Hildebrandt, los seres humanos, además de reconocernos como un yo que interactua con su ambiente, nos perfilamos unos a otros para auto-objetivarnos como un mi en el mundo, mientras que los sistemas basados en IA, nos predicen, pero sin constituirnos como otro, las correlaciones que la IA puede lograr hoy en día, entre ciertos estímulos que nos afectan y los comportamientos que desarrollamos, hacen del Big Data una suerte de incosciente exterior, pero, ¿Cómo funciona?.

Personalmente, me gusta explicarle esto a mis alumnos mediante el siguiente ejemplo: les pido que imaginen que cada que su profesor asiste a darles clase y encuentra mucho tráfico para llegar al Palacio, entonces él compra cebollas, la correlación entre el aumento del tráfico y la compra de cebollas, parece lo suficientemente absurda, hasta el punto de producir las sonrisas de algunos, eso se explica porque de acuerdo a nuestra experiencia en el manejo de las pruebas de correlación estadística, consideramos necesario que exista un apoyo teorico suficiente para suponer que dichas variables se relacionan de alguna forma, lo que aplica no sólo a los estudios sobre tratamientos, sino también a los de carácter sociológico, a los de mercado, o cualquier otra disciplina que busque correlacionar variables, sin embargo, dada la capacidad de computo del Deep Learning, y a la gran cantidad de datos que le puede suministrar el Big Data, este no solo puede, sino que de hecho, prescinde de la restricción que nos pide justificar la hipótesis de correlación, lo que hace el sistema es encontrar correlaciones, verificándolas después, a resumidas cuentas, en nuestro ejemplo, puede encontrar que la correlación entre el nivel de tráfico y la compra de cebollas se verifica con una “p” muy baja.

Si, además, el patrón se repite en un número elevado de personas, con la información anterior, un algoritmo cuya meta sea incrementar el nivel de ventas de las cebollas, aprovechará los datos disponibles en la red sobre el estado del tráfico, para hacer blanco sobre aquellos en los que ha predicho que compraran cebollas, enviándoles promociones sobre dicho artículo, hasta aquí todo se parece a una descripción normal de los estudios de mercado realizados tradicionalmente, el quid de la cuestión, no está en que la publicidad que nos envíe el algoritmo utilice los habituales sesgos cognitivos para persuadirnos de realizar la compra, ni en el tipo de mensajes subliminales que pasaran haciendo uso de nuestra ceguera atencional, lo que nos cuela, sin que nos percatemos, es precisamente, la correlación efectiva que ha hecho, entre un estimulo “el tráfico” y nuestra acción de comprar cebollas, correlación que pasará inadvertida, tanto para nosotros, como también, para muchas personas que nos conocen y nos perfilan, al menos hasta que el consumo de cebollas se disparé a tal grado que sea muy evidente, de esta forma, los algoritmos de IA nos perfilan correlacionando ciertas condiciones con ciertas acciones, desde luego, que nada saben sobre lo que ocurre a nivel consciente o incosciente en nuestro cerebro, si se quiere simplificar esto, mediante una metafora cinematográfica, al hacerlo están más cerca del cinema Verité de Vertov, que del montaje de Eiseinstein. ¡Y pues, ni que decir de lo que podría ocurrir, si quienes controlan el tráfico vehicular, tuvieran algún interés en el mercado de las cebollas!

De esta forma fue como llegué a pensar en la operación inconsciente que está detrás de la IA actualmente, desde luego, que el lugar de las cebollas podría ser ocupado por otros entes con consecuencias mucho más desalentadoras, por otro lado, una especie de traslape, entre mi memoria de trabajo y mi memoria episódica, me hace pensar, que recuerdo al narrador de La guerra y la paz, sorprendido porque nadie hubiera podido prever, antes de la Revolución Francesa, que el contrato social de Rousseau, iba a producir tantas muertes en aquella nación, aunque lo que en realidad dice es, que para aceptar tal atribución, “había que explicar antes la relación de esta nueva fuerza con el acontecimiento”, por mi parte, espero haberme explicado, y la pertinencia de finalizar con Rousseau, mejor que yo, la explicó Thomas Mann, en su ensayo de 1922 sobre Goethe y Tolstoi, quien al preguntarse por las dos ideas que se nos presentan al pronunciar el nombre de Rousseau, excepción hecha de la idea de naturaleza que, desde luego, es la primera en venirnos a la mente, se respondía: Ce sont <<Pédagogie>> et <<Autobiographie>>; car Rousseau est l’auteur de l’ <<Émile>> et des <<Confessions>. Ces deux éléments de son oeuvre, <<pédagogie>> et <<autobiographie>>, sont aussi les plus accusés dans celles de Goethe et de Tolstoï. On ne saurait imaginer sans eux la vie ni l’œuvre de ces deux écrivains.

A lo que yo simplemente podría agregar, que salvo por mi Dulcinea, que quedó atrapada en el tiempo futuro de aquellas líneas del poema de T. S Eliot, todo lo demás que aquí he dicho, quizás no sea más que la actualización de esos ya viejos circuitos neuronales, que contienen los bucles descritos por Rafael Lorente de No.

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Literatura y medicina

El Quijote de Cajal: Entre la regeneración nerviosa y el regeneracionismo político.

El 9 de mayo de 1905, el Colegio Médico de San Carlos, en Madrid, celebró una sesión conmemorativa, con motivo de la publicación del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, en la cual Santiago Ramón y Cajal dictó una conferencia titulada Psicología de don Quijote y el Quijotismo que fue publicada ese mismo año por la imprenta y librería Nicolás Moya, salió también en el número 10 del Boletín del Colegio de Médicos de Gerona. En la década de los 40 sería reimpresa por las editoriales J. García Perona y por las Industrias Gráficas Ortega, y también como parte de las obras completas de Santiago Ramón y Cajal, publicadas por la editorial Aguilar de Madrid en 1947, con sus respectivas reediciones en los años de 1950, 1961 y 1969. La versión de J. G. Perona se acompañaba además del texto La mujer, escrito por el mismo autor y compilado por Margarita Nelken, mismo que fue reimpreso en 2009 dentro de la colección recupera de la editorial Formación Alcalá. 

La fecha de la conmemoración del tercer centenario de la publicación del Quijote, coincide, en España, con el reinado de Alfonso XIII; es decir, con el periodo histórico conocido como la Regeneración,  España se caracterizaba entonces por ser un país predominantemente rural, algunos cálculos sobre la distribución del empleo en esa época sostienen que el 70% de la población activa se empleaba en el sector agropecuario, un 16% en el sector industrial, siendo entonces las principales industrias, la de la construcción y la textil,  mientras que la mayor parte de quienes se empleaban en el sector terciario lo hacían prestando servicios domésticos. 

Estos indicadores eran muy diferentes al resto de la Europa central, y sólo equiparables a los de algunos países de Europa del este, a estas cifras se vino a sumar la catástrofe que significó para muchos españoles la guerra del 98, calando especialmente en el espíritu de un gran número de intelectuales que desde fines del siglo XIX alzaban su voz contra el régimen de la Restauración, enarbolando ese espíritu de la regeneración que ha sido resumido por Xavier Tusell en los siguientes términos:

“Deseo general de superar el retraso, de llevar a cabo una modernización de la vida colectiva y de renovar la vida política nacional o encontrar la solución fuera de ella.”

El término designa un periodo específico en la historia de España, pero trascendió el mismo, al volverse sinónimo de los procesos modernizadores acaecidos en ese país a lo largo del siglo XX.

El contraste entre la situación de España y la biografía de Cajal es mayúsculo, en el mismo momento en que España trataba, considerando todos los medios posibles, de salir de su atraso, el científico español se encontraba en la cúspide de su carrera, mientras leía su trabajo sobre el quijote, Cajal, en el plano científico, estaba concentrado en sus trabajos sobre la regeneración de los nervios periféricos, sin entrar en detalles excesivos, se puede decir que la teoría reticularista había renovado sus bríos a partir de observaciones de carácter fisiológico, hechas sobre los fenómenos nerviosos de sensibilidad y motricidad en miembros distales, mismos que ocurren después de haber seccionado un nervio experimentalmente. 

Un grupo de investigadores, impulsados fuertemente por Alfredo Bethe, a los que posteriormente se unirían figuras de la talla de Waldeyer, Marinesco y van Gehuchten, sostenían, para explicar los fenómenos fisiológicos observados, la hipótesis de que durante la regeneración nerviosa los nuevos cilindroejes resultaban de la fusión y diferenciación de una cadena de neuroblastos periféricos.

Tal hipótesis reticularista, basada en pruebas fisiológicas, carecía aún de su verificación morfológica, y pretendía descalificar la teoría del neuronismo que había sido probada décadas atrás, gracias a las contribuciones hechas por His, Forel, Lenhossék, Retzius y otros muchos, incluyendo los trabajos de Golgi y de Cajal, quien con ayuda del método cromo-argéntico, desarrollado por el histólogo de Pavia, y partiendo de las premisas del evolucionismo biológico, había logrado teñir células embrionarias en las que se mostraba, sin lugar a dudas, la individualidad de las células neuronales y su comunicación a través del espacio sináptico.

Cajal, que según afirma en una de sus autobiografías, sentía repugnancia hacia las polémicas, debido a que consideraba que con ellas se perdía un tiempo precioso que podría emplearse mejor en allegar hechos nuevos. Cedió, como él mismo sostiene, ante la arrolladora marea del error y ante los reiterados requerimientos de sus amigos que lo consideraban el principal interesado en aclarar la polémica.  

Llevando a cabo una serie de agudas observaciones, Cajal se valió, del entonces, nuevo método del nitrato de plata reducido,  con el que contribuyó, junto con los trabajos de Aldo Perroncito (discípulo de Golgi), Lugaro, Medea, Marinesco y Minea, Tello, Nageotte, y Krassin, entre otros, a desechar definitivamente la teoría reticularista, al probar que la regeneración nerviosa tiene lugar a partir del axón proximal que se mantiene unido al soma neuronal, y que en el caso del cabo distal, las nuevas fibras aparecidas representaban brotes axónicos del cabo central que no moría inmediatamente después de haber sido seccionado, sino que pasaba a la vecindad de la cicatriz donde se daba la formación de esas nuevas mazas de crecimiento, botones y ramificaciones, que no eran mas que producciones efímeras y frustradas por no ser nutridas por el centro trófico, es decir la neurona y su núcleo.  

Para ese año de 1905, su quehacer científico le había valido el reconocimiento de sus pares, tanto en España como en el extranjero, ya en el año de 1900 el Congreso Internacional de Medicina, reunido en París, acordó otorgarle el premio internacional Moscú, el que premiaba al trabajo, médico o biológico, considerado más relevante de los publicados en el mundo entero, y tan sólo unos días antes de que presentara su escrito sobre el quijote, la Real Academia de Ciencias de Berlín le había notificado que se había hecho acreedor a la medalla de oro Helmholtz.

Esta rica actividad científica, no exenta de amargos sinsabores, como el que vivió con el fallecimiento de su hija, no le impidió a Santiago Ramón y Cajal, paralelamente, continuar cultivando sus intereses artísticos, el dibujo, la pintura y la fotografía, campo, este último,  en el que haría importantes aportaciones en el plano técnico, continuó también con su gusto por la literatura y la escritura, en este último ámbito, además de sus colaboraciones con diarios y revistas, se pueden contar tres libros que ya habían sido publicados  en 1905, estos son las Reglas y consejos  sobre la investigación biológica, Recuerdos de mi vida, tomo I, mi infancia y juventud; y los Cuentos de vacaciones (Narraciones pseudocientíficas), en los que es posible seguir el imaginario literario desarrollado por Cajal.

Una vez expuesto el contexto histórico y biográfico en el que Cajal escribió su Psicología del quijote y el quijotismo, es posible centrarnos en el texto en cuestión, el que tiene una extensión de 14 páginas. A primera vista el estilo se corresponde con ciertas formas del ensayo académico, el narrador, en un tono ex cátedra, parte de los rasgos generales de la obra en los siguientes términos:

Universalmente admirada es la soberbia figura moral del hidalgo manchego, D. Alonso Quijano el Bueno, convertido en andante caballero por la sugestión de los disparatados libros de caballería, representa, según se ha dicho mil veces, el más perfecto símbolo del honor y del altruismo. Jamás el genio anglosajón, tan dado a imaginar caracteres enérgicos y originales, creó personificación más exquisita del individualismo indómito y de la abnegación sublime.

Prosigue introduciendo algunas citas textuales que van corroborando las afirmaciones realizadas, y aunque aparecen algunas metáforas, y también algunos párrafos generales en los que el narrador desarrolla ciertos aspectos de orden filosófico, el sentido general del texto va apuntando hacia las características psicológicas, tanto de Don Quijote, como de Cervantes, mismas que quedan definidas en las primeras seis páginas.

El narrador separa ciertas características de don Quijote, que tiene por normales y propias, de lo que él califica, como un filósofo práctico, entre estas, además de un Yo hipertrófico, el narrador refiere: “desbordante de voluntad y energía, se siente fortalecido por esa fe ciega en la fortuna, fe característica de los grandes conquistadores de almas y tierras.”Aunado a estos rasgos, el personaje literario presenta otros que se consideran de carácter patológico, o en términos de la narración en cuestión: “[…] la simpática figura del ingenioso hidalgo, cuyo entendimiento agudísimo y genial fue presa y juguete de sus ilusiones, alucinaciones, obsesiones e ideas delirantes, […]”.

Con relación a Sancho, en el texto se menciona su buen humor, considerándolo el artístico contrapeso emocional del quejumbroso y asendereado Caballero de la Triste Figura. Después es retomado nuevamente, pero, más que para caracterizarlo psicológicamente, se hace para describirlo en términos del simbolismo que representa, con la intención de explicar algunos rasgos biográficos de Cervantes.

Comprender la caracterización de los rasgos psicológicos de Cervantes resulta un poco más difícil dentro del texto, en principio, porque el narrador parece confundir, por momentos, al autor de la novela del Ingenioso Hidalgo con el narrador Cide Hamete Benengeli, por ejemplo, cuando se pregunta “¿Cómo se forjó, allá en la caldeada imaginación de Cide Hamete tan felicísimo y artístico contraste?” respondiendo más adelante

Cuestiones arduas y dificilísimas para cuya solución fuera imprescindible conocer todos los repliegues y recovecos de la complicada mente de Miguel, amén de los choques, episodios e incidentes emocionales que la conmovieron y adoctrinaron durante los tristes años precursores de la genial concepción.

Inmediatamente después, sostiene que los estudiosos del tema, entre los que enumera a Menéndez Pelayo, Revilla, Valera, Navarro Ledesma, Unamuno y Salinillas, han aportado elementos que, si bien no resuelven el problema, si permiten dar algunas respuestas. Guiado por la critica de estos autores, el narrador entreteje la biografía de Cervantes con los diversos sentidos que encuentra en la novela, llegando a la conclusión de que dicho autor “fue siempre Quijote incorregible en la acción y poeta romántico en el sentir y pensar”, agregando que el carácter melancólico y de tono realista que el narrador ve en la novela se debe a los sinsabores que caracterizaron la vida del manco de Lepanto.

Más aún, en una suerte de inversión creativa, introduce el uso del condicional para considerar la posibilidad de que siendo otra la biografía de Cervantes, el destino del personaje principal de la novela también hubiera sido diferente, de tal forma, nos dice el narrador:

Más de una vez, deplorando la amargura que destilan las páginas del libro cervantino, he exclamado, en un transporte de cándido optimismo: ¡Ah! Si el infortunado soldado de Lepanto, caído y mutilado al primer encuentro, no hubiera devorado desdenes y persecuciones injustas; si no llorara toda una juventud perdida en triste y oscuro cautiverio […] cuán diferente, cuán vivificante y alentador Quijote hubiera compuesto! Acaso la novela imperecedera sería, no el poema de la resignación y la desesperanza, sino el poema de la libertad y de la renovación. Y quien sabe si, en pos del caballero de los Leones, otros Quijotes de carne y hueso, sugestionados por el héroe cervantino, no habrían combatido también en defensa de la justicia y del honor, convirtiéndose, al fin, la algarada de locos en gloriosa campaña de cuerdos, en apostolado regenerador, consagrado por los homenajes de la historia y el eterno amor a Dulcinea ¡… de esa mujer ideal, cuyo nombre suave y acariciador, evoca en el alma la sagrada imagen de la patria…!

Procede el narrador, inmediatamente después, a invertir nuevamente los términos para regresar a esa perspectiva que vincula la biografía del autor con el destino de sus personajes y viceversa, porque también supone, que fue gracias a la personalidad de Sancho, que Cervantes pudo soportar los sinsabores de su vida, para rencontrarse nuevamente con el arte al escribir los trabajos de Persiles y Sigismunda y el Viaje al Parnaso.

Como puede notarse, el narrador, además de hacer uso del condicional para imaginar otros posibles desenlaces, abandona no sólo el tono ex cátedra e introduce el uso de la primera persona, algunas veces en singular y otras en plural, llegando al grado de introducirse en la ficción para, por ejemplo, dialogar con Sancho cuando afirma:

¡Yo te saludo, pues, Sancho el Pacífico, Sancho el Bueno, Sancho el Jovial! En las páginas de la imperecedera epopeya, no simbolizas tan sólo la baja meseta del sentido común, el saber humilde del pueblo acuñado en refranes, el lastre sin el cual el hinchado globo del ideal estallara en las nubes. Tú eres algo más y mejor que todo eso. Con tus gracias, socarronerías y donaires, consolaste el espíritu de Cervantes, haciéndole llevadera la carga abrumadora de angustias y desventuras. […] tu salvaste al genio, y con él su gloria y nuestra gloria!

El uso de la primera persona dificulta en más de una ocasión entender quién es ese yo del texto, o desentrañar las complejas metáforas en las que parecen mezclarse referentes textuales que apuntarían hacia la novela, con otros, que más que hacer referencia a la obra cervantina, parecieran referirse poéticamente al trabajo del científico, como puede verse en el siguiente párrafo en el que valora la novela en su conjunto:

Sus páginas nos ofrecen la síntesis de vida, es decir, luces y sombras, simas y abismos, como en el corte de un bosque vemos, abajo las negruras del humo vegetal formado con detritus de ilusiones y despojos de esperanza (propio alimento del genio literario); sobre la tierra, erguidos y mirando al cielo de los robustos tallos de las ideas levantadas, de los propósitos nobles, de las aspiraciones sublimes; y arriba, bañadas en la atmosfera azul, las frondas del lenguaje natural, castizo y colorista, la delicada flor de la poesía y el acre fruto de la experiencia.

Más aún, en las siguientes páginas, el narrador, que aún no sé si pueda corresponderse con Cajal en su calidad de autor, abandona a los personajes de la ficción, es decir; a don Quijote y a Sancho, y también a Cervantes, para abocarse a conceptualizar el quijotismo, buscando su esencia filosófica, asegurando que:

Muchos extranjeros, y no pocos españoles, creyendo descubrir cierto aire de familia entre el citado protagonista y el ambiente moral en que fue concebido, no han reparado en adjudicarnos, sin más averiguaciones, el desdeñoso dictado de <<quijotes>>, calificando asimismo de quijotismos cuantas empresas y aspiraciones españolas no fueron coronadas por la fortuna […] No seré yo, ciertamente, quien niegue la complicidad que, en tristes reveses y decadencias, tuvieron la incultura, así como la devoción y apegamiento excesivos a la tradición moral e intelectual […] pero séame permitido dudar de que la ignorancia, el aturdimiento y la imprevisión constituyan la esencia y fondo del quijotismo. O esta palabra carece de toda significación ética precisa, o simboliza el culto ferviente a un alto ideal de conducta, la voluntad obstinadamente orientada hacia la luz y la felicidad colectivas.

Se trata, en suma, de un texto complejo, en el que como se ha mostrado se emplea la primera persona tanto del singular como del plural,  se recurre a metáforas, que en ocasiones, entremezclan referentes a la obra cervantina con situaciones que parecen apuntar hacia el trabajo de Cajal, el tema del quijotismo es usado para conducir al lector a otras temáticas como la patria, el colonialismo, el Regeneracionismo español, la historia de España, el desarrollo de la industria y el comercio en ese país, entre otros.

Estos temas, en mayor o menor extensión, fueron también abordados en otras obras de Santiago Ramón y Cajal, incluida la autobiografía cuya primera parte ya se encontraba publicada al salir el texto sobre la psicología del quijote y el quijotismo, esta condición, aunada al uso que hace el autor de la primera persona, invita al lector a leer la obra en clave autobiográfica.

Sin embargo, no existe ninguna indicación por parte del autor para que se justifique una lectura de ese tipo, a diferencia de lo que ocurre en la autobiografía titulada Recuerdos de mi vida, en cuyo prologo, al menos de la segunda edición, el autor, es decir Cajal, comenta que:

Allá por los años 1896 a 1900 se puso de moda el género de la autobiografía […] para complacer a algunos amigos […] resolví escribir la historia de una vida vulgar, tan pobre de peripecias atrayentes, como fértil en desilusiones y contrariedades. […] me proponía ofrecer al público un caso de psicología individual y cierta crítica razonada de nuestro régimen docente. […] si algún psicólogo o educador se toma la molestia de recorrer estas páginas podrá ver en ellas un caso típico de educación romántica […]

Mediante este prologo Cajal establece con el lector, lo que Philippe Lejeune ha llamado, el pacto autobiográfico, más aún, la narración autodiegética permite establecer la identidad entre el autor, el narrador y el personaje, constituyéndose así, lo que el mismo Lejeune denomina la forma clásica de la autobiografía.

Como ya se ha mencionado, el texto sobre el quijotismo carece de tal pacto, el cual no es indispensable para que sea tomado por autobiográfico, más aún, si recordamos que se trata de una conferencia que Cajal pronunció frente a sus colegas, podría uno suponer, bajo esa condición, que el uso de la primera persona remite al sujeto de la enunciación, y que por tanto, la identidad quedaría así probada, lo que parece ocurrir en el siguiente párrafo:

[…] yo no conozco ninguna expedición geográfica al Polo Norte o Sur emprendida por españoles o hispanoamericanos, mientras que por docenas se cuentan las gloriosas empresas de este género intentadas o realizadas por yanquis, ingleses, suecos, alemanes, rusos y hasta italianos. ¡Triste es confesarlo, pero ello es que el pálido sol de media noche no realzó jamás con sus poéticos rayos los pliegues de la española bandera!

Donde no parece que haya lugar a duda, de que es Cajal, quien sostiene que no se han realizado expediciones a los polos por parte de los hispanos, el carácter referencial de tal afirmación puede ser verificado y con ello darle la razón a Cajal o negársela.

Sin embargo, como ya se ha mencionado anteriormente, otros párrafos en los que aparece la primera persona, aún bajo los supuestos que aquí se han dado, no parecen establecer una identidad tan clara con respecto al autor, recuérdese por ejemplo el fragmento antes citado que dice ¡Yo te saludo Sancho el Pacífico, Sancho el Bueno, Sancho el jovial!Evidentemente que la primera persona no remite al hablante que se dirige al auditorio, sino que se encuentra en el plano de la ficción, donde ese yo pudo ser pronunciado por el narrador, pero también por don Quijote, el caballero de la Triste Figura, o el de los Leones, existe por tanto cierta indeterminación, aparentemente estaríamos frente al caso previsto por Lejeune de ausencia de pacto y ausencia de nombre del personaje, lo que frente al carácter hibrido del texto, nos dejaría en aparente libertad de leerlo como quisiéramos, siempre y cuando lo hiciéramos explícito. 

Pero aparecen un par de objeciones más, esta última posibilidad sólo es válida en el caso de narraciones autodiegéticas, y el texto sobre el quijotismo no lo es; además, para que tuviera carácter autobiográfico debería de referirse al pasado del autor para poder construir así, no el en sí de esa persona en el tiempo, sino el para sí de la persona tenida por modelo en el momento de la escritura, y esto no ocurre nunca, cuando se remite al pasado se remite al pasado histórico de España, a unos tiempos que no son el correlato de la vida de Cajal.

 Por lo tanto, el texto no se corresponde con las formas autobiográficas, la pertinencia de esta afirmación se mostrará más adelante, sino que es, como se dijo al principio, un ensayo académico de índole literaria, donde Cajal, con los recursos retóricos antes expuestos, refiere al lector a los problemas que él considera medulares en la España de esa época, además revisa con una visión crítica el pasado de su país, pasado que entrelaza con el Ingenioso Hidalgo, particularmente con las aventuras del Caballero de los Leones contenidas en la segunda parte, aparecida en 1615, de donde sustrae los valores a través de los cuales juzga dicho pasado, y con los que construye una suerte de fundamento moral de su particular concepción de la Regeneración de una patria que esta porvenir, esperando que esos valores impulsen el desarrollo de la ciencia, así como de las artes, las humanidades, la industria y el comercio entre otros aspectos, la concepción de tal suerte de utopía de la patria queda expresada poéticamente en el último párrafo del texto sobre el quijotismo.

Por otro lado, no se puede perder de vista que el tema del patriotismo de Cajal despierta acres debates aún hoy en día, quizás uno de los primeros intentos en abordar tal cuestión fue el que realizó Gregorio Marañón, que en su libro Cajal su tiempo y el nuestro, cuya tercera edición apareció en 1951, dedica un breve capítulo titulado los dos patriotismos en el que postula que al fin patriótico se llega por dos caminos, el eufórico y el crítico o mal llamados, el optimista y el pesimista, después de desarrollar brevemente las características de cada uno, considera que es deseable que ambos coexistan, luego, una vez expuestas estas ideas generales en dos pequeñas páginas, dedica el párrafo final para afirmar que en la juventud de Cajal el impacto del decaimiento imperial de España tuvo un efecto decisivo “que encendió en su espíritu la noble y quijotesca decisión de reparar, en el campo de la ciencia, una parte del desastre nacional.”

Pocos años más tarde, en 1954, Laín Entralgo, a propósito del centenario del natalicio del laureado con el premio Nobel en 1906, pronuncio un discurso, mismo que con una pequeña adenda sería publicado dos años mas tarde en el libro España como problema. Una característica de este texto es que las citas textuales a Cajal carecen de referencia, por lo que es necesario, si se desea verificarlas, encontrarlas en la producción del histólogo español. El texto inicia con una cita atribuida a Cajal a partir de la cual Laín comenta: “Dos de los más altos modos de la ejemplaridad humana, el servicio armado a la propia patria y el servicio intelectual a la verdad universal, transparecen con singular energía en esas líneas recias […] de nuestro máximo hombre de ciencia

Si se tiene curiosidad, cuando se localizan las citas que verificarían las afirmaciones hechas por Laín, se puede ver como el historiador de la medicina ha procedido a descontextualizarlas, cuando no a mutilarlas francamente. Por ejemplo, se lee en Laín lo siguiente: “¿Cuál debe ser, pregunta (Cajal), nuestra conducta ante el irrestañable desmembramiento de España? Y contesta <<Si yo pudiera retroceder a mis veinticinco años, henchidos de patriotismo exasperado, contestaría sin vacilar: la reconquista manu militari y cueste lo que cueste. Propondría la máxima de Gracián: contra malicia, milicia>>”

La cita está contenida en la página 140 de El mundo visto a los ochenta años, libro escrito en 1934, unos años antes de la muerte de Cajal, acaecida durante el gobierno de la II República, continua Laín de la siguiente manera “¡Qué grave, qué tremenda actualidad iban a cobrar dos años más tarde, cuando la fuerza armada fue el único recurso posible frente a la casi total disolución de España en regiones, partidos y clases!

El sentido que le da Laín al texto de Cajal parece no concordar cuando reintegramos el párrafo completo de Cajal en el cual sostenía:

 Si yo pudiera retroceder a mis veinticinco años, henchidos de patriotismo exasperado, contestaría sin vacilar: la reconquista manu militari, y cueste lo que cueste. Propondría la máxima de Gracián (contra malicia, milicia). Pero en los tiempos aciagos en que vivimos, dos guerras civiles equivaldrían a la bancarrota irremediable de España y a la consiguiente intervención extranjera. Además, una guerra suscita automáticamente nuevos conflictos bélicos. Fuerza es convenir en que la fuerza, aplicada a las pugnas intestinas de un país, no resuelve nada. Enconaría antipatías y cerraría el paso a soluciones de cordial convivencia.”

Para Lejeune la relación que existe tanto en la biografía como en la autobiografía, entre el personaje, a nivel textual, y el modelo a nivel extratextual, es una relación de identidad, pero sobre todo de parecido, esto es importante por dos razones, en primer lugar, porque las relaciones de parecido e identidad permiten establecer la diferencias entre la biografía y la autobiografía. 

En el caso de esta última la identidad sostiene al parecido, mientras que en el caso de la biografía es el parecido el que sostiene la identidad, y aunque este es un horizonte imposible en lo general, en el caso de la biografía de Laín el sentido esta completamente tergiversado, por lo que el personaje textual que ofrece al lector, dista mucho de parecerse al modelo de la autobiografía, como lo prueba el ejemplo antes citado, por otro lado, al tratarse de una biografía el pacto biográfico establecido con el lector se rompe.

Las razones históricas que explican la ruptura del pacto biográfico, son harto conocidas y divulgadas como parte de la historia oficial española desde hace ya décadas, como nos dice el historiador Javier Tusell, especialista en historia moderna y contemporánea de España, y político activo durante el periodo de la transición por la Unión centro democristiana, el poder no se ejerció igual durante todas las décadas que duró la dictadura, pero si hubo algunos rasgos que permanecieron inalterables, entre estos, menciona Tusell, que desde el periodo azul del franquismo, el régimen “Estuvo cerrado a la libre circulación de opinión y expresión características de una sociedad liberal, y tuvo siempre una visión autoritaria básica dentro de un contexto clerical y autoritario. Pero no se fundamentó, en cambio, en un cuerpo de doctrina concreto y elaborado”

Agrega, además, que “En cuanto a la Universidad, se estableció un férreo control estatal e ideológico mediante una ley del año 1943, achacando sus males a la libertad de cátedra y al influjo de corrientes extranjeras y a la influencia krausista y masónica de la Institución Libre de Enseñanza.”

Estas razones bastarían para entender el silencio que guarda la biografía escrita por Gregorio Marañón, y la ruptura del pacto biográfico en el caso de Laín, ambas obras fueron producidas en la primera mitad de los años 50, cuando el régimen de Franco se encaminaba fuertemente hacía la aceptación exterior, momento también, en el que Ruíz Giménez ocupó el Ministerio de Educación, desde donde apoyándose en falangistas como Laín, Tovar, y Ridruejo, intentaron una política de talante más abierto, que incluso buscó incorporar al mundo cultural del exilio. A lo que se opuso un sector católico tradicionalista y monárquico encabezado por Calvo Serer. Para 1956 la disputa llegó a las calles donde se enfrentaron estudiantes y falangistas, y sin que esto representara un peligro para el régimen si sirvió para que Ruiz Giménez fuera destituido del Ministerio.

Además de estas aportaciones a la compresión general de la historia de España, la apertura democrática trajo consigo una nueva y más completa valoración de la figura de Cajal, en la biografía escrita por José María López Piñero, en el año 2000, quedan despejadas muchas de las contrariedades que se presentaban en las anteriores, como su papel durante la Restauración, su clara proclividad hacia el régimen republicano, y el paulatino desapego de su fe confesional, hacia una postura, sino anticlerical, si aconfesional.

Menos comprensible es el hecho de que en la introducción hecha por José Luis Puerta, en su calidad de editor científico, a los Escritos sobre Cajal de Laín Entralgo, reunidos por el primero con motivo del centenario del natalicio de Laín, y publicados en 2008, no exista ningún referente crítico, o siquiera, una explicación del contexto de los periodos históricos en que decidió agrupar los trabajos seleccionados. Por el contrario, en la introducción repite muchos de los aspectos que erróneamente se le han atribuido a Cajal, sin que medie ninguna consideración entre el contexto de la posguerra española, y el contexto español de 2008. 

Tal proceder conlleva el riesgo de tergiversar el tiempo propio de la historia, haciendo incomprensibles las decisiones que, en el plano ético y político, se han dado dentro de una sociedad que aspira a mantener las formas democráticas en su convivencia. 

Siendo justamente, hacia esa construcción de la moral social, hacia donde apunta el último párrafo del escrito sobre laPsicología del Quijote y el quijotismo, a mi juicio uno de los mejores logrados en la producción literaria de Cajal, y en el cual dice:

Consideradas desde el punto de vista moral, son las naciones síntesis supremas de ensueños y aspiraciones comunes, sublime florecimiento de una planta cuyas múltiples raicillas se extienden y entren por todos los corazones. De buena gana compararía yo también los grandes pueblos a esas poéticas islas de coral que emergen del mar en las augustas soledades oceánicas. Si, con soñadores ojos de artista, os embelesáis contemplando las rientes y apacibles costas festoneadas de blancas espumas, las flores peregrinas y fragantes, los colosales árboles, cuyas copas semejan cimbreante coro de las aves del cielo, pensaréis que aquel paraíso surgió espontáneamente, por extraño capricho de Anfitrite; pero examinad el subsuelo con el reposado análisis de la ciencia, descended al fondo del mar (lo que vale tanto como remontarse en la Historia), y al sorprender en los cálcareos y colosales estribos la obra y las reliquias de miríadas de seres ínfimos y oscuros comprenderéis que todo aquel grandioso florecimiento de lo algo representa la construcción secular y obstinada de innumerables y abnegadas existencias.

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Notas de Historia del Arte

Los Caprichos y la serie The American Way of Life

La serie titulada The American Way of Life consta de 69 fotomontajes, fue elaborada casi en su totalidad en México por el artista valenciano Josep Renau, quien llegó exiliado a este país tras haber concluido la Guerra Civil Española.

A esta serie dediqué mi tesis de maestría en Estudios de Arte, los principales resultados de aquella investigación aparecieron publicados bajo el título La Guerra fría en seis fotomontajes sobre el American Way of Life, en el libro coordinado por la Dra. Olga Ma. Rodríguez Bolufé, titulado Estudios de Arte Latinoamericano y Caribeño Vol. 1, publicado por la Universidad Iberoamericana en 2016.

Además del análisis general de la obra, en ese trabajo estudié con cierta profundidad seis de los fotomontajes que componen la serie, dada la complejidad de la obra, muchas cosas se quedaron en el tintero. Por ejemplo las relaciones que se pueden establecer entre la serie de Renau y las series de grabados realizadas por Francisco de Goya.

Francisco de Goya y Lucientes fue un artista español que nació en Fuendetodos, Aragon, el 30 de marzo de 1746 y murió en Bordeaux el 16 de abril de 1828. Fue pintor, dibujante y grabador, la calidad que desarrolló en las técnicas de grabado es comparable a la alcanzada por Rembrandt y Durero. Contaba, como es natural, con un grabador llamado Beruete, quien recordaba las siguientes palabras del artista:

«El mismo Goya decía que la rapidez para observar y la retentiva de la visión eran cualidades esenciales del dibujante en la preparación de lo que él desea ser, y que estas cualidades estaban solamente presentes en aquellos quienes, por ejemplo, habían entendido y recordado, fijándolas desde ahí en su memoria, los cinco puntos cardinales de una figura cayendo desde un techo hacía el piso, no teniendo más tiempo para hacer la observación que la duración de la caída.» (Tomás Harris, 1984)

Se le debe al profesor hispano-inglés, Tomás Harris, el enorme esfuerzo de haber localizado, identificado, organizado y clasificado los distintos grabados y litografías realizados por Goya, así como la preparación del catalogo completo bajo el título Goya Engravings and Lithographs, el que lamentablemente no pudo ver publicado debido a que, como nos recuerdan sus editores, pocas semanas después de haber aprobado la impresión del mismo, murió en un accidente de tráfico en Mallorca. Siguiendo su clasificación, la obra gráfica de Goya puede distribuirse de la siguiente forma: 1) Temas religiosos, 2) Copias después de Velázquez, 3) Planchas individuales, 4) Los Caprichos, 5) Los desastres de la Guerra, 6) La tauromaquia y 7) Los proverbios. (Tomás Harris, 1984)

A pesar del inconveniente de no contar con un capital entre mis haberes, he podido destinar pequeñas sumas de mis ingresos para coleccionar algunos libros y otros objetos, atraído por su valor cultural, entre ellos me considero afortunado de contar con el siguiente grabado de la serie Los Caprichos de Goya.

La serie Los Caprichos es la más temprana de sus series de grabados, fue publicada por él mismo en 1799, posteriormente hubo varias ediciones más, incluyendo la publicación, en 1828, de tres de las planchas para ilustrar un artículo sobre Goya, publicado en la revista parisina Magasin Pittoresque. (Tomás Harris, 1984)

Además de las correspondientes pruebas, la serie Los Caprichos cuenta con doce ediciones, el grabado que aquí se muestra corresponde a la decimosegunda edición. Esta edición fue realizada por Ruperez en los talleres de la Calcografía Nacional para el Ministerio de Instrucción Pública durante la Guerra Civil Española, en 1937, es decir, que es muy probable, que fuera realizada mientras Josep Renau ocupaba el cargo de Ministro de Bellas Artes.

En su realización se emplearon tres tipos de papel: Old Japan, Imperial Japan y papel verjurado con la marca de agua Arches. Cinco colecciones hechas sobre papel Old Japan, numeradas 1-5, fueron finamente empacadas y dedicadas en la imprenta a Stalin, Mrs. Eleanor Roosevelt y al Presidente de la República Española, Manuel Azaña. (Tomás Harris, 1984)

El grabado que aquí se muestra, pertenece a las colecciones hechas sobre papel Arches, la edición se limitó a 130, y algunos, como este, cuentan con un sello, en el margen inferior derecho, con las iniciales CN, rodeadas por el borde con un texto en el que se lee «Calcografía Nacional. Ministerio de Instrucción Pública.» Harris considera que después de la cuarta edición de los caprichos la decimosegunda es la más fina en su técnica y acabado.

La serie Los Caprichos está compuesta por 80 grabados, el mío corresponde al número 63 de la decimosegunda edición, lleva por título Miren que grabes! Goya acompañó todos de una breve explicación, para el número 63 Goya escribió «La estampa indica que estos son dos brujos de conbeniencias y autor que han salido à hacer un poco de exercicio a caballo»

Harris llamaba la atención sobre el buen estado de conservación en el que había encontrado la plancha de impresión, señalaba además, que debido a que en la imagen la luz recae sobre la nariz de las bestias de carga y sobre las brujas desnudas, el grabado se lograba con una mancha general muy ligera.

¿Qué relación se puede establecer entre este grabado de Goya y la serie de fotomontajes The American Way of Life hecha por Renau?

Si tal y como sostiene Henri Focillon la forma en el arte no significa sino que se significa en búsqueda de significación, una primera relación que se puede establecer es de carácter formal, a partir de la cabeza de ave que caracteriza al brujo colocado en la parte izquierda del grabado de Goya, esta relación se ve reforzada por los textos que acompañan las imágenes, una práctica común al trabajo de Goya y de Renau.

El fotomontaje de Renau, con el número 17 de la serie The American Way of Life, fechado en 1956, y que no forma parte de los seis que estudié en mi tesis de maestría, lleva por título Miss America and the birds (Miss América y los pájaros), como muchos otros, fue hecho por el fotomontador valenciano a partir de imágenes extraídas de las revistas norteamericanas, para este caso en particular, a partir de la siguiente imagen tomada de la Revista Life.

Renau intervino la foto de esta imagen para realizar el fotomontaje Miss America and the Birds, 1956. Para ello empleó solamente la foto que se muestra en esta página, el rostro del personaje que se encuentra de pie, a la izquierda de la mujer sentada y atravesada por la banda «de Miss» lo sustituyó por la cabeza de un Águila, mientras que la del hombre sentado a su derecha la sustituyó con la de un buho. Intervino con el aerógrafo a la mujer sentada, la que se muestra a color, al igual que la flor que lleva por tocado en la cabeza, los zapatos en color dorado, sobre ella dispuso varias especies de pájaros, en su cabeza, junto a la flor, en el pliegue del codo de su brazo izquierdo, sobre su mano derecha, en su rodilla izquierda y otro más posado sobre el empeine de su zapato derecho, mientras que el letrero detrás de la mujer en el que se lee la frase What price per share ARE YOU GOING TO PAY US? lo coloreo de rojo, dejando las letras en negro. Finalmente, en la esquina superior izquierda del fotomontaje puede leerse el mismo texto que marca la sección de la revista Life, el encabezado dice: Business & Finance.

En mi tesis de maestría propuse ocho categorías para clasificar los fotomontajes de Renau, a la número 7 le asigné el título «Rol de la mujer en el American Way of Life». Por otra parte, si no se pierde de vista que la obra de arte, si lo es, se debe a su polisemia, entonces se entenderá que las relaciones aquí propuestas puedan orientar cierta interpretación, pero de ninguna manera una única y exclusiva. (Aranda, 2011.)

Bibliografía

Aranda, Andres. Fragmentos de la Guerra Fría: Una Mirada a Seis Fotomontajes de la Serie The American Way of Life (1949-1966), de Josep Renau. Artículo Publicable para Obtener el grado de Maestro en Estudios de Arte. Universidad Iberoamericana, México, 2011.

Focillon, Henri. La vida de las formas seguida de Elogio de la mano.UNAM, México, 2010.

Harris, Tomás. Goya Engravings and Lithographs, Tomos I y II, USA, 1983.

UNAM, Tlatelolco Centro Cultural Universitario, Difusión Cultural UNAM, Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior, Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, Universitat de València, Gobierno de España, Embajada de España en México. Josep Renau 1907-1982 Compromiso y Cultura, Valencia, 2009.

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Literatura y medicina

El pabellón del cáncer de Alexandr Solzhenitsyn. Una lectura intertextual.

People talking without speaking

People hearing without listening

People writing songs that voices never share

No one dared

Distub the sound of silence

Fools I said, You do not Know

Silence like a cancer grows.

(Sounds of silence, Simon and Garfunkel)

Introducción.

En 1906, un año después del fracaso de las jornadas revolucionarias rusas, aquel que había hecho de la amargura en superlativo su firma de autor escribía su novela la madre. John Reed nos recuerda que once años más tarde, un 29 de octubre, en un salón de mármol blanco con decorados rojos del palacio María, Terechtchenko pronunciaba una ansiada declaración sobre la política extranjera del gobierno, misma que terminaría con el tópico del llamamiento a los hijos de la gran nación rusa para defenderla del ejército alemán. Tal declaración canceló de facto todos los anhelos de paz, el descontento que produjo daría origen, de acuerdo con Reed, a la debacle de sucesos que caracterizaron aquellos diez días que conmovieron al mundo.

Un año después de la Revolución de Octubre nació Alexandr Solzhenitsyn, en la localidad de Kislovodsk, ubicada en el Cáucaso Norte. A pesar de su temprana inclinación por las letras, el sistema soviético lo envió a estudiar ciencias físicas en Rostov, entre los años de 1936 y 1941. Mientras tanto hizo los cursos de literatura por correspondencia,  y una vez graduado se enlistó  en el ejército ruso para participar en la Segunda Guerra Mundial, como capitán de artillería fue condecorado en dos ocasiones, pero en 1945 fue detenido por “delitos de opinión”, debido a que había criticado la estrategia de guerra de Stalin en una carta dirigida a otro compañero del frente, fue deportado a un campo de trabajos forzados, donde permaneció hasta 1956, año en que fue rehabilitado como profesor de matemáticas en una escuela secundaria de la localidad de Riazán.

Fue en esos años en los que escribió su primera novela corta un día en la vida de Iván Denisovich, la que fue publicada en la URSS por indicación directa de Nikita Krushev, le siguieron a esta, El primer círculo, y el pabellón del cáncer; además de las anteriores su obra abarca también el relato corto, donde destacan por el bien de la causa y la casa de Matriona, así como sus miniaturas en prosa, entre otros. 

Estos trabajos le valieron el premio Nobel de literatura en 1970, el que de acuerdo con la fundación Nobel le fue otorgado <<por la fuerza ética con la cual ha ampliado las tradiciones indispensables de la literatura rusa.>> Sin embargo, Solzhenitsyn no pudo acudir a recoger el premio en ese momento, por temor a ser deportado y porque se encontraba redactando,  en la clandestinidad,  su monumental obra Archipielago Gulag, la que le valió su expulsión de la URSS en 1974, en los 20 años que duró su destierro escribiría su experiencia del exilio en su libro  Between two Millstones, desde entonces y hasta después de su regreso a la URSS en 1994, se dedicaría a escribir sus ensayos “Cómo reorganizar Rusia” y “El problema ruso al final del siglo XX” en las que manifestó su particular punto de vista del devenir de ese país en el que moriría en el año 2008.

Sus obras fueron rápidamente traducidas a varios idiomas, y en castellano se encuentran distintas ediciones, para este trabajo me baso en la versión de un día en la vida de Iván Denisovich del año 1969, publicada por Plaza and Janes en la colección rotativa. La misma novela junto a una serie de relatos cortos apareció publicada por editorial Bruguera en 1971, con el título Por el bien de la causa, tomado del cuento del mismo nombre en el que se relatan las peripecias para la construcción de una Escuela Técnica de Electrónica, la que luego, por órdenes superiores, debía ser cedida para crear un Instituto de Investigación, de esta edición son las referencias a los relatos cortos. En cuanto a la edición de la novela, El Pabellón del Cáncer, sigo la traducción de Inés del Campo Ruiz publicada por editorial Aguilar en 1970, mis referencias a Archipiélago Gulag corresponden a la segunda edición de la colección tiempo de memoria de la editorial Tusquets, y con respecto a los textos en inglés; es decir, In the First Circle y Between two Millstones, me baso en las ediciones kindle pertenecientes al Centro para la ética y la cultura Solzhenitsyn.

Desde un punto de vista metodológico, parto de la conceptualización del enunciado de Bajtín, quién distinguía claramente entre enunciado y oración, atribuyéndole al primero la condición de respuesta a otros enunciados, así como un alcance mucho mayor al incluir en esa categoría novelas completas, conceptualización pertinente si se quiere acotar, al menos  parcialmente, el fenómeno de la deriva intertextual ad infinitum durante el proceso de inter-discursividad, retomo también el concepto de intertextualidad introducido por Kristeva, junto a la conceptualización de sus niveles hecha por Renate Lachmann, para acercarme a los textos ajenos contenidos en el Pabellón del Cáncer, ya sea bajo la forma de intertextualidad manifiesta en el fenotexto, a través de distintos niveles de marcaciones como la cita, alusión, reminiscencia, etc. o bien bajo la forma de intertextualidad latente, en el más elaborado trabajo de asimilación, transposición, y transformación de signos ajenos, que da origen a conceptos como palimsesto, anagrama, sobre-determinación, doble codificación, etc. 

Siempre teniendo presente la acotación de Riffaterre, quién considera que la intertextualidad depende en buena medida del conocimiento del lector, así como la noción del propio Lachmann, quien, al no perder de vista la teoría de la recepción, conceptualiza todo texto como un producto productivo; es decir, con la capacidad de englobar y ser englobado a la vez, abandonando así la ilusión de un cerco sistemático, tratando siempre de mantener la conglobación de sentido bajo cualquiera de los tipos aceptados de intertextualidad, ya sea deconstructiva, conservadora, usurpadora-autoritaria, o bien, dialógica. 

Intertextualidad manifiesta en el fenotexto.

Teniendo presente que la noción de texto se extiende más allá de los códigos lingüísticos, es posible dividir la intertextualidad manifiesta en la novela El pabellón del Cáncer en los siguientes conjuntos: 

Libros.

En primer lugar encontramos la referencia directa a otros libros, conjunto compuesto por los de carácter técnico, como la geometría de Kiselov, o la Anatomía patológica de Abrikosov y Strivkov, junto al único libro de carácter histórico la Historia del Partido Comunista de la URSS. El resto lo componen textos literarios que forman un gran arco temporal que abarca, por orden de aparición, la literatura rusa de mediados del siglo XX, La reina Margot de Alexandre Dumas padre, Gargantúa y Pantagruel de François Rabelais, y el compendio razonado de los cronistas del siglo XV mencionado en el capítulo “palabras duras, palabras suaves” a propósito de la historia de Kitovras.

Por alusión a personajes literarios es posible identificar al príncipe Bolkoski de la Guerra y la Paz de Tolstoi, y del mismo autor, los cosacos, a través de la mención que hace la cirujana Ustinova a las palabras de Yeroshka sobre los médicos europeos mediante la siguiente cita << sólo saben cortar, lo que quiere decir que son unos imbéciles. Allí en las montañas, tenemos verdaderos doctores que conocen las hierbas>> También se menciona a Pavel Korchaguín personaje de la novela Como se forjó el acero de Ostrovski. Y mediante la referencia que hace el paciente Shulubin al autor Francis Bacon, y su teoría sobre los ídolos, es posible identificar el Novum Organum. Y otra cita del mismo paciente repite las palabras de una obra de Pushkin 

<< Llevamos dentro un siglo vil… ¡En cualquier medio el hombre es un tirano, un traidor o un cautivo>>

El título del capítulo 8 de la primera parte ¿Qué necesitan los hombres para vivir? Alude a un cuento de Tolstoi que también ha sido traducido al castellano bajo el título De lo que vive el hombre, se sabe que es la misma obra porque durante la lectura que hace el paciente Yefrem se citan pasajes textualmente. De igual forma el título del capítulo 18, también de la primera parte “Y que a las puertas de la muerte” es tomado de un poema de Pushkin.

Teatro.

Mientras la Dra. Dontsova es revisada por el Dr. Orechenkov Domidont, este último rememora la actuación del personaje Akim en el Teatro de Arte de Moscú, lo que hace referencia a la obra “El poder de las tinieblas” de Tolstoi, escrita en 1886 y en la que desarrolla su teoría de la no resistencia al mal, la obra estuvo prohibida hasta 1902. Al parecer es la única referencia directa a obras teatrales dentro de la novela “El pabellón del Cáncer”

Revistas.

En total se mencionan cuatro revistas, todas ellas pertenecientes a la época en que se desarrolla la novela, siendo en su mayoría de contenido político-social, las que al parecer sólo interesan al antagonista, el paciente Pavel Nikolaievich Rusanov, estas son: Pravda, La Estrella, Ogoniok revista semanal ilustrada, y Krokodil.

Cine.

En el pabellón del cáncer se mencionan un total de 7 películas, las que me resultan ajenas salvo por “Roma ciudad abierta” de Roberto Rosellini, “El puente de Waterloo” podría ser otra película reconocida por los cinéfilos mexicanos en cualquiera de sus dos versiones, la de 1931 o bien la de 1940, en la novela no se precisa de cual se trata. El resto de las películas son filmes de guerra que incluyen los llamados “trofeos”, películas incautadas al ejército alemán, y también se menciona una película hindú titulada el vagabundo.

Música y compositores.

El protagonista, el paciente Kostoglotov, después de la transfusión de sangre tiene una reminiscencia que le evoca 4 apagados acordes de Bethoven, en otro momento escucha la 4ª Sinfonía de Chaikovski, otra mención al mismo compositor aparece cuando la Dra. Vera en su apartamento escucha el adagio y luego la aparición de las hadas de la suite “La bella durmiente”. A través de la familia Rusanov se mencionan canciones populares rusas como Los días de Volachev y nosotros, o bien la caballería roja, mientras que Avieta la hija de Pavel Rusanov, durante las horas de visita, menciona que en Moscú está de moda el Rock’ and Roll, se alude también a una ópera uzbeka titulada Agu-Baly, y al personaje de Carmen de Bizet como prototipo de la belleza femenina.

Se mencionan también a Mozart, Pucini, Sibellius y Borthyanski como compositores en general sin mencionar ninguna obra en específico.

Escritores.

Como ocurre en el caso de los compositores, en la literatura también son mencionados los nombres de algunos escritores sin que se haga referencia directa, o por alusión, a obra alguna, los presento por separado por cuestiones de claridad, ya que como mostraré en los ejemplos que desarrollaré más adelante, tendrán un valor indicial en el momento de abordar la intertextualidad latente.

En el pabellón del cáncer se hace alusión a Lermontov, Paustovski, H. G. Wells, Yetushenko, Babayevski, a Heminway como prototipo de la belleza masculina, Saltikov-Schedrin, Voltaire, Herwesh Georg Vladimir Sergueivich Solovyou, Dostoievski, Piotr Alexeievich Kropotkin, Nikolai Konstantinovich Mijailovski, Claude Farrére, y a Maiakovski rememorando su suicidio. 

Un caso especial son las menciones a Maximo Gorki, pues todas aparecen en forma de frases panfletarias atribuidas al escritor, así por ejemplo en el capítulo 4 de la primera parte, Pavel Rusanov recuerda que <<fue Gorki quien dijo que sólo es digno de libertad aquel que lucha por ella>> más adelante, en el capítulo 21, el mismo personaje se auto-cuestiona <<¿No fue Gorki quien dijo “si tus hijos no son mejores que tú, en vano los has traído al mundo y vana ha sido tu existencia” >> y es él también quien lee la propaganda del Estado, en el capítulo 6 de la segunda parte, en la que aparece el eslogan <<Como ya dijera Gorki “en cuerpo sano, espíritu sano” >> como puede verse no es fácil ligar estas frases con la literatura de Gorki.

Ejemplos de Intertextualidad latente

 Dentro del universo de escritores y obras, una ausencia notable en el fenotexto es la de Antón Chejov, nombre con el que, como nos recuerdan sus biógrafos desde José Laín Entralgo hasta los más recientes, finalmente firmó sus trabajos Antón Pavlovich, tras abandonar el pseudónimo de Antosha Chejonte: Tal decisión la tomó tras recibir la carta  del escritor Dmitri Vassilevich Grigorovich amigo de Belinski, Turgueniév y Dostoievski, en la que le decía: <<Posee usted, señor mío, un talento extraordinario, que según mi convencimiento no necesita arredrarse ante las más altas empresas. Sería lamentable que usted siguiera desperdiciando sus energías en bagatelas literarias. Me siento impelido a rogarle que no lo haga, que por el contrario se concentre en proyectos verdaderamente artísticos.>>

La ausencia de Chejov en el fenotexto podría evocar el desasosiego que él mismo sentía ante su creciente fama, situación que según Tomás Mann, quedaría proyectada junto con otras características del médico-escritor, en aquel personaje Nikolaí Stepanich, viejo moribundo del que Mann retoma la frase: <<Pero yo no amo la popularidad de mi nombre. Tengo la sensación de que me han estafado>> sin embargo, para comprender mejor tal ausencia es necesario que nos adentremos más en la teoría literaria y en la obra de Solzhenitsyn, pues Chejov si es nombrado en la novela el primer círculo en la que se narra la vida en la sharashka donde conviven tanto profesionistas presos como libres, principalmente ingenieros y lingüistas, que en el laboratorio de pruebas sonoras desarrollan tecnologías para grabar conversaciones y descifrar voces.

Por otro lado, si tomamos en cuenta que bajo el concepto de silepsis, Riffaterre reúne la sobre-determinación y el anagrama, considerando que sí un fenotexto dado reprime otro posible sentido del texto, tal situación se compensa al generar la eliminación misma un genotexto; es decir, al aparecer el sentido reprimido como secuencia verbal, lo que le permite a Riffaterre captar el encuentro del texto manifiesto con la referencia al texto ajeno que él denomina intertexto, esto le posibilita, a través de minuciosos análisis, revelar huellas estilísticas como formadoras de sentido, o más propiamente hablando de doble sentido.

Entonces algunos rasgos estilísticos empleados por Solzhenitsyn pueden conducirnos hacia Chejov, en primer lugar, el recurso de la analogía entre el hospital y la prisión, empleada en diversas ocasiones por los pacientes del pabellón del cáncer, es un recurso al que también recurre Chejov en La sala (pabellón) número 6 cuando en el párrafo introductorio el narrador nos dice:

Estos clavos, con las puntas hacia arriba, la valla y el propio pabellón tienen ese aspecto particular, triste y repulsivo, que en nuestro país sólo se encuentra en los hospitales y las cárceles

O bien, durante el dialogo que sostiene el doctor Andrei Efímich, médico influenciado por la filosofía tolstoiana, con el paciente Iván Dmítrich recluido en el pabellón 6 por presentar un delirio persecutorio.

Pero supongamos que tiene razón –prosiguió-. Admitamos que vengo con la torcida intención de hacerle hablar para delatarlo. Se lo llevarán preso y luego lo condenaran. ¿Pero es que en el juicio y en la cárcel estaría peor que aquí? Y aunque lo deporten, e incluso si lo mandan a presidio, ¿sería eso peor que permanecer aquí, en este pabellón? Creo que no… ¿A qué teme, pues?

Además de la analogía entre cárcel y hospital, este párrafo presenta una de las características estilísticas más notables en las obras de Chejov, me refiero al uso de los puntos suspensivos para marcar una pausa, recurso muy empleado también en sus obras teatrales, estas pausas junto a otros recursos de sus obras dramáticas, atrajeron la atención de Danchenko y Stanislavsky, pues hacían a un lado los soliloquios y apartes característicos del teatro clásico, propiciando así la participación activa del espectador, quien es compelido a dotar de significación tales pausas y vacíos, aún tratándose de cuestiones morales.

Este recurso también aparece en la novela el pabellón del cáncer en varias ocasiones, una de ellas después de que la atracción física que siente Oleg Kostoglotov por Zoya, la pasante y enfermera, los llevé a un encuentro sexual durante una guardia, y esta le revele que la hormonoterapia consiste en administrar hormonas femeninas a los hombres, y masculinas a las mujeres, con la finalidad de que el cáncer no se disemine, lo que explica que Oleg mantenga su libido pero no pueda consumar el acto sexual, Kostoglotov rechaza seguir recibiendo la terapia hormonal, y más adelante, en el capítulo 6 de la segunda parte, se da el siguiente diálogo durante el paso de visita:

-Kostoglotov-  indicó Gangart, mirando más bien hacia Rusanov- el mismo tratamiento. Aunque es extraño… -y miró a Zoya- La reacción a la hormonoterapia se manifiesta débilmente.

Zoya se encogió de hombros y dijo:

-Quizá se deba a alguna peculiaridad del organismo.

Sin embargo, el recurso en Solzhenitsyn dista de la forma en que lo emplea Chejov debido a la intervención, en el texto de Solzhenitsyn, de un narrador omnisciente que aparece antes y/o después de que es empleada la pausa o el vacío, el ejemplo anterior continua precisamente con la intervención del narrador en los siguientes términos:

Creyó, evidentemente, que la doctora Gangart recurría a su concurso –al de una estudiante en el penúltimo año de su carrera- como al de una colega.

Pero Gangart, ignorando la insinuación de Zoya, le preguntó con tono que descartaba todo posible asesoramiento:

-¿Hasta qué punto es seguro que se le ponen las inyecciones con regularidad?

Continuando con el teatro, la única obra a la que se hace referencia mientras es revisada la Dra. Dontsova en el capítulo once, es evocada en medio de las bromas que el Dr. Oreschenkov gastaba a sus jóvenes auxiliares, a las cuales también les platica que en sus tiempos de estudiante había sido expulsado del Teatro de Arte Académico de Moscú por sisear y armar alboroto con sus amigos, debido al realismo con el que Akim <<se limpiaba los mocos y se desenrollaba los peales>>

La opinión del Dr. Oreschenkov en la novela el pabellón del cáncer coincide con la que expresara Gorki en una carta escrita en Nijni-Novogorod a principios de enero de 1900 dirigida a Chejov, en la que entre otras cosas comenta:

He visto recientemente El poder de las tinieblas en el Pequeño Teatro. Hasta ese momento, me reía al escucharla e incluso disfrutaba algo en ello; pero ahora me parece odiosa, caricaturesca, nunca más iré a verla. Se lo debo a los buenos artistas cuya actuación subrayaba despiadadamente todo cuanto la obra tiene de vulgar, de absurdo. 

Como se ha dicho, en el fenotexto todas las menciones panfletarias a Gorki provienen del burócrata Pavel Nikolaievich Rusanov; en la novela por un proceso de contigüidad, estas pueden relacionarse con los carteles publicitarios que Oleg Kostoglotov mira una vez que ha sido dado de alta, tanto en los escaparates de la ciudad y en el circo, como en los cines, y teatros, y en los Grandes Almacenes Centrales encuentra un mundo lleno de rótulos, que lo impulsa a alejarse al mundo animal que le resultaba más comprensible, cumpliendo así la promesa que le había hecho a Diomka de visitar el zoológico, pero ahí encuentra también rótulos en las jaulas que comienzan a confundirlo, y a provocar su respuesta, así frente al letrero <<las lechuzas blancas soportan mal el cautiverio>> Oleg piensa ¡Lo saben! ¿A pesar de ello las encierran?; y frente al que afirma que el puerco espín es un animal de vida nocturna, Oleg dice: te llaman 9:30 y te sueltan a las 4am. Y así continua hasta que se percata que una multitud leía un anuncio fijado en una jaula vacía con la siguiente inscripción <<el pequeño mono que vivía aquí se quedó ciego por la absurda brutalidad de un visitante […] que arrojó tabaco a los ojos del Macaco Rhesus>> No se decía que el visitante fuera inhumano, o agente del imperialismo yanqui; sino cruel, lo que enoja a Oleg quien exclama ¡niños, no seáis crueles! ¡niños no exterminéis a los seres indefensos!

Por una doble semejanza esta relación de contigüidad interna podría relacionarse a su vez externamente con Karamora, cuento escrito por Gorki en 1924 que comienza con una serie de frases que giran en torno a la maldad, expresadas por un trabajador, un físico, un personaje del dramaturgo Ostrovski, y de varios narradores y dramaturgos rusos. Karamora desarrolla un monologo en primera persona discurriendo por diversos temas, incluidos el capitalismo y el socialismo, que tienen como telón de fondo el problema ético, el que se revela a través de su relación con diversos personajes entre los que está el coronel Osípov <<un hombre magro y cretino que se estaba muriendo de cáncer>>, Karamora en su disquisición concibe al hombre como un conjunto de personalidades que lo habitan, planteándose el problema de tener que ahogarlas en su forma embrionaria para que perviva la mejor de ellas, pero inmediatamente, duda, preguntándose sobre la posibilidad de aplastar a la mejor, pues como los personajes de De lo que vive el hombre no puede saber que es lo que le conviene, y de ahí pasa a discurrir sobre diversos aspectos de la vida animal, llegando a considerar que la historia es el tratamiento médico para curar esa bestia salvaje, termina finalmente recordando a una propagandista, muchacha admirable a la que nunca delató, preguntándose ¿por qué la habría recordado de repente? 

La corriente del pensamiento. La incesante corriente del pensamiento. ¿Y si, en efecto, yo fuera aquel chiquillo, el único capaz de ver la verdad?

El emperador está desnudo, ¿no veis?

Ya vienen a molestarme otra vez. Me tienen harto.

Por otro lado, tratándose de tabaco, teatro y Chejov no es posible dejar de mencionar su monólogo en un acto, titulado Sobre el daño que hace el tabaco, en el que Niujin mandado por su consorte se presenta a dar una conferencia bajo el mismo título, pero a lo largo de todo el acto sólo habla de las vicisitudes y problemas que le acarrea la relación con su mujer y su familia, al finalizar presintiendo que su esposa se acerca, le pide al público que si ella pregunta le digan que les ha dado la conferencia prometida, aunque jamás habló del tema.

 Consideraciones finales.

Desde su aparición, la novela el pabellón del cáncer, ha despertado fuertes controversias, tanto en el entonces bloque socialista como en occidente, en torno a la cuestión de si la novela es simbólica o realista. David A. Slone en su artículo sobre los modelos analógicos y el tema de la reinserción, nos recuerda que fue el propio Solzhenitsyn quién rechazó la interpretación simbólica de su novela en una carta dirigida a la Secretaría de Escritores de la Unión en septiembre de 1967, en la que afirmaba:

[…] que él estaba siendo criticado porque el título de su novela no se refería a ningún caso médico, sino a una especie de símbolo, el hecho –decía Solzhenitsyn- Era especifica y literalmente cáncer, un tema olvidado por la literatura, que sin embargo, para aquellos que lo padecen [ y él lo había tenido en dos ocasiones] les parecía que afectaba también sus experiencias cotidianas, siendo así difícil entender qué clase de símbolo es.

Por su parte Raymond J. Wilson III al analizar las estrategias narrativas e interpretativas en el contexto de la censura, llama la atención sobre las figuras del autor real y el autor implicado, figuras reconciliadas por Lukacs mediante el principio metonímico de Jakobson, pero sin perder de vista la complejidad del contexto que emerge de la triada autor, censor, crítico, Wilson asume que Lukacs, en su papel de crítico también esta sujeto a la censura, condición pasada por alto en los dos artículos que Octavio Paz dedicó a Solzhenitsyn en la revista Vuelta, mismos que fueron reunidos después en el Ogro filantrópico.

Tal distinción, le permite a Wilson explicar como a pesar de que los autores tradicionalmente escogen la ambigüedad, haciendo del símbolo, la analogía, la ironía, y la alegoría sus armas, para el caso de los trabajos de Solzhenitsyn, el autor opta por una lectura literal en función de que el censor a hecho suya la lectura simbólica.

La situación se complejiza más por la dificultad para caracterizar el realismo socialista, pues como se lo cuestiona Andrei Sinyavsky [conocido en una época por su pseudónimo Abraham Tertz] en su On socialist realism ¿Qué significa realismo socialista? ¿Puede haber un realismo socialista, capitalista, cristiano, o mahometano? Sinyavsky en su respuesta apunta algunas claves para comprender mejor lo que hay debajo de esa categoría estética, como el cumplimiento de la propaganda estatal, por ejemplo la satanización del tabaco y el alcohol, o bien, la utilización de estructuras narrativas próximas al género del Gospel, cuya temporalidad termina dilatando siempre la llegada del comunismo.

 Por otra parte, en los ejemplos aquí analizados, he apuntado que el narrador omnisciente de Solzhenitsyn cancela la función que tiene la estructura estilística de la pausa en Chejov, estableciéndose así una relación intertextual de tipo usurpadora-autoritaria, suprimiendo la intención de Chejov de producir un teatro escrito, dirigido, y actuado por la inteligentsia para la inteligentsia.

Si consideramos el conjunto de la obra de Solzhenitsyn, tal relación intertextual se hace más clara, sí de los dos hilos conductores que recorren la obra, el del problema de conocer la verdad planteado por los pacientes, y el de la utilización de los recursos alternativos para su tratamiento, tomamos como ejemplo el asunto del acónito, la planta que por el desconocimiento de su manejo altera a la  Dra. Vera Gangart, quien obligará  a Kostoglotov a tirar el preparado de acónito a un costado del pabellón de otorrinolaringología, esta planta es la misma que es referida en innumerables ocasiones en la isla Sajalin, informe elaborado voluntariamente por Chejov sobre las condiciones de vida en el destierro, otro elemento más que pareciera estar dentro de el pabellón de cáncer prefigurando la aparición de Archipielago Gulag, ensayo de investigación literaria en el que Solzhenitsyn, en una suerte de ejercicio curatorial, recopila los testimonios de 227 personas recluidas al interior de la industria penitenciaria de la URSS, obra que se sumaría a la tradición de relatos de escritores condenados por sus ideas, entre los que destaca The house of the Dead or, Prision Life in Siberia de Fyodor Dostoievsky.

La estrategia literaria era justificada por Solzhenitsyn debido a que pensaba que los historiadores tardarían mucho tiempo en llegar al establecimiento de los hechos, o que quizás nunca pudieran hacerlo debido a la posibilidad de que los archivos fueran destruidos; sin embargo, esto último no ocurrió, al menos por completo, lo que le ha permitido al historiador eslavista Claudio Sergio Ingerflom explorar en uno de sus más recientes trabajos, titulado El Zar soy yo: La impostura permanente desde Iván el terrible hasta Vladímir Putin, el devenir del falso Dmitri de Schiller, empleando para ello una metodología que por su alcance temporal lo acerca a los trabajos de Braudel y por su temática evoca a los reyes taumaturgos de Marc Bloch,  analizando el devenir del término ruso samozvanets, que puede referir al impostor, pero también a otra forma particular que atraviesa los documentos oficiales rusos, desde el siglo XV hasta el presente, y que él traduce como el autonombrado, el que opuesto al término del anticristo permitió en Rusia cuestionar la legitimidad divina de los zares, sin excluir la posibilidad de reconocer decenas de verdaderos zares autonombrados, fenómeno que en el mundo soviético adquirió su propia significación en la que, de acuerdo con Sergio, al provenir el poder del anticristo y no de dios <<es el poder, su legitimidad y los criterios de esta los que son cuestionados, lo que [según él] no incluye la idea de autonombrarse para desafiarlo, sino la exigencia de la representación política.>>

El cambio de significación epocal está presente en el pabellón del cáncer, por ejemplo, cuando frente a la pregunta ¿Qué necesita un hombre para vivir? La única que responde en los mismos términos que en la narración de Tolstoi, es Asya, la joven paciente que tiene claro que lo que se necesita es amor, sólo que no piensa el amor en los términos tolstoianos, sino en sexo, en ese sexo que al enterarse que le será cortado se lo ofrece al joven Diomka, paciente recién amputado, para ella sentir, por ultima vez, el placer de unos labios sobre esa zona. 

Más aún, la operación usurpadoraa-autoritaria de Solzhenitsyn parece satisfacer de alguna forma ese deseo de representación, mencionado por Sergio Ingerflom, al menos para los condenados en los campos de trabajo, lo que quizás haga comprensible a las democracias occidentales ese síntoma  incontrolado –señalado también por Sergio- de un deseo de (sobre) pasado, que explica que un funcionario de la administración del presidente Putin, saliera el 8 de julio de 2011 en televisión, a declarar que Putin había llegado a la tierra enviado por Dios para salvar a Rusia en un momento difícil para ella. 

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Ejercicios de escritura

Instrucciones para hacer un recorrido de la planta del té hacia la cirugía moderna.

Debe de unir los siguientes párrafos siguiendo la numeración que los precede, a la manera de las pinturas que componen la serie “Do it yourself” de Andy Warhol, trabajo en el que repite el gesto de introducir un elemento de la cultura pop norteamericana a los circuitos del arte, en este caso la técnica del “Paint by Numbers” desarrollada por un pintor de medio pelo llamado Robbins para una casa de pintura comercial.
Como usted no puede usar líneas o pintura para unir los párrafos, hágalo agregando nuevos párrafos sin numeración, en los que aparezcan explicaciones, referencias o cualquier otro dato que considere pertinente para completar el recorrido entre un punto y otro, no olvide el empleo de conectores, ni tampoco la función primordial de su párrafo: Introductorio, descriptivo, de cierre, etc.

  1. Comience haciendo referencia a los motivos que lo impulsan a escribir sobre el tema en cuestión, aclare preferentemente la importancia que la estructura narrativa cumple para conseguir los objetivos de su relato […]
  2. Describa la planta del té y remóntese en la historia de la humanidad para ubicar a su lector en los más remotos antecedentes sobre su uso, así como en el espacio geográfico en el que se desarrolló su cultivo. Es recomendable que diferencie las plantas del té verde y del té negro, también que sea muy preciso al distinguir estas de otras infusiones, las que en el sentido estricto de la historia que está usted contando no se consideran plantas de té […]
  3. Introduzca al lector en el proceso de expansión colonial europea, puede hacerlo de manera general, o bien, dar los pormenores de la llegada de los portugueses a Macao en 1542 […]
  4. Hable de la importancia de los intercambios comerciales entre las metrópolis y sus colonias para el desarrollo económico […]
  5. Retome el punto tres si lo desarrolló de manera general, o bien, regrese a este solo para indicar que poco antes de que los portugueses llegaran a Macao las carabelas españolas habían descubierto América y dé una idea de lo que fue el imperio español y de la manera en que se distribuyó el orden mundial a partir del reparto que hicieron españoles y portugueses[…]
  6. Explique la reconfiguración que sufrieron los centros de poder europeo a partir del siglo XVII, dejando claro como surgieron las nuevas potencias coloniales que sustituyeron al imperio español […]
  7. Vuelva a América y, destaque, de entre todas las mercancías coloniales, las producciones de los ingenios azucareros y de las minas de plata y oro […]
  8. Cuéntele al lector cómo Holandeses e Ingleses dominaron las importaciones hacia Europa de la planta del té, resalte la importancia que tuvo el azúcar, importada de las colonias americanas, para acrecentar el consumo de té entre las poblaciones europeas, particularmente para fijarse en el gusto de los ingleses […]
  9. Una vez que ya esté en el periodo ilustrado, céntrese en la relación de Inglaterra con sus colonias y socios comerciales, como mínimo debe usted triangular entre los EEUU, la India y China, destacando la importancia que en el siglo XVIII tuvieron las decisiones que en materia de importaciones/exportaciones tomó el emperador de esta última nación, y la forma en que tales decisiones favorecieron la exportaciones y cerraron las importaciones. No olvide mencionar la “Ley del Té” promulgada en Inglaterra, así como la protesta que esta desató en Norteamérica, conocida como la “Boston Tea Party” misma que condujo a la Independencia de las trece colonias […]
  10. Vuelva a Inglaterra y explique cómo las decisiones tomadas en China junto a la pérdida de sus trece colonias pintaban un horizonte nada halagüeño para los ingleses a comienzos del siglo XIX, ahora es el momento de que cuente usted cómo esos “gentlemen” aprovecharon su situación ventajosa en la India para traficar con otra planta que crecía en aquellas regiones, y cuyos antecedentes se remontan al imperio babilónico, se refiere usted, desde luego, a la adormidera o amapola, de la que se extrae la goma de opio, producto cuyo consumo estaba prohibido tanto en Inglaterra como en China, lo que no impidió que los ingleses la cultivaran en la India e hicieran enormes esfuerzos por contrabandearla a China desde los pocos puertos comerciales de que se disponía, esto con la finalidad de compensar su balanza comercial, si lo desea puede usted mencionar las presiones ejercidas por los ingleses para que se abrieran más puertos comerciales en China. […]
  11. Es hora de que hable un poco más del opio y de su impacto en la cultura europea, para ello puede servirse de narraciones como la escrita por el inglés Thomas de Quincey quien a la manera de San Agustín nos cuenta sus experiencias fumando opio […]
  12. Explique como crecieron las tensiones entre Inglaterra y China y cuente como estas desembocaron en las dos guerras del opio (1839-1842, 1856-1860), si lo desea, además de las fuentes históricas, puede recurrir también a la saga del escritor norteamericano James Clavell para obtener cierta perspectiva literaria del conflicto histórico […]
  13. Válgase de la historia de la medicina para explicar cómo en el siglo XIX se dan importantes descubrimientos como la asepsia, la antisepsia, la teoría microbiana, el control de la hemostasia y los primeros ensayos exitosos con sustancias con acción anestésica, lo que en su conjunto creó las condiciones para llevar a cabo una revolución en el campo quirúrgico que desembocó en la modernización de la práctica quirúrgica. Proceda a ralentizar su relato, aclarándole a su lector que todo lo que le acaba de contar llevó mucho tiempo, costó vidas, de muchos enfermos y también de algunos médicos, explíquele que, entre estos últimos, no todos recibieron el reconocimiento que debieron, ejemplifique con algún personaje como el doctor Semmmelweis, y posteriormente incluya a un cirujano egresado de Yale que viajó a Europa para continuar con su educación al lado de médicos muy destacados de la medicina europea, incluido el propio Virchow. Cuente también cómo a su regreso a Norteamérica trajo consigo mucho de ese conocimiento para ponerlo en práctica, no sólo con sus pacientes, sino también sobre su persona, experimentando con lo que entonces eran innovadores procedimientos anestésicos a base de cocaína, mismos que terminaron por volverlo adicto a esa sustancia y terminaron con su carrera en Nueva York. Procure no revelar el nombre del cirujano en cuestión para provocar mayor expectación en sus lectores, particularmente en aquellos que aún no hayan descubierto de quien se trata […]
  14. Regrese usted el punto 11, en el que disertó sobre el consumo recreativo de sustancias en occidente, si gusta complemente lo narrado señalando las relaciones de estas sustancias con el movimiento decadentista, conéctelo con la narrativa de la historia de la medicina, centrándose ahora en la historia de los tratamientos empleados en el siglo XIX y principios del XX para atender las adicciones, señalando como la adicción a la cocaína se trataba con morfina, o heroína, y estas, a su vez, eran tratadas con cocaína, haciendo que los pacientes atendidos saltaran de una adicción a otra […]
  15. Vuelva a la costa este de los EEUU para contar como William H. Welch, médico patólogo formado en Yale y posteriormente en Europa, fue reclutado para formar y dirigir la Escuela de Medicina de la Universidad de Johns Hopkins, explique los esfuerzos que hizo este primer decano para reclutar a lo mejores médicos en distintas especialidades, y como defendió, frente al comité de dicha escuela, la inclusión de un excelente cirujano, antiguo compañero suyo, que era para entonces un adicto al opio, asumiendo la responsabilidad por dicha contratación. Revele el nombre de dicho cirujano, diga usted que se trata de William Halsted y desarrolle su biografía como cirujano, explique sus aportaciones a la colecistectomía y a los procedimientos de cirugía oncológica, así como también la manera en que incluyó los procedimientos anestésicos, con la consecuente transformación de los tiempos quirúrgicos que dejaban atrás la tradición del virtuosismo quirúrgico francés, implementada por Larrey como cirujano de los ejércitos de Napoleón, para dar paso a una nueva forma de hacer cirugía, que entre otras cosas, resultaba mucho más cuidadosa con los tejidos del paciente. Si usted gusta de las notas rosas en las historias, puede incluir la anécdota de cómo Halsted inventó unos guantes de caucho (otra mercancía colonial que jugaría un papel preponderante en la economía del siglo XX) para una asistente quirúrgica con la que al parecer sostenía una relación, o bien, si prefiere poner en duda la virilidad del cirujano, acuda a las biografías que dan cuenta de una presunta homosexualidad oculta, cuente cómo, a pesar de las múltiples adicciones que sufrió en su vida, incluido el opio, logró desarrollar la cirugía moderna, a tal grado que los cambios que introdujo se conocen como la revolución halstediana en cirugía. A partir de aquí queda usted en entera libertad de complementar la historia con los datos biográficos de los otros dos médicos, que junto a los anteriores, son recordados por la historia de la medicina norteamericana como los “cuatro grandes”, nos referimos desde luego a Osler en medicina interna y a Kelly en ginecología, puede completar esta sección resaltando el papel de estos cuatro médicos para el desarrollo del prestigio de la Escuela de Medicina de Johns Hopkins, de su hospital y de su Escuela de Salud Pública, prestigio que le valió ser considerada el modelo a seguir en el informe educativo elaborado por Abraham Flexner sobre la educación médica, mismo que sentó las bases para la enseñanza moderna de la medicina […]
  16. Para finalizar considere el tema de su historia, sus objetos de estudio y los personajes puestos en juego, analice los factores sociales y económicos que incidieron en su desarrollo, así como las contribuciones de carácter individual junto con los elementos técnicos de la misma, teja fino entre los diversos datos, trate de dar explicaciones causales y elabore hipótesis que expliquen las lagunas que pudieran quedar, finalmente proceda a sacar conclusiones, sería muy conveniente que pudiera conectar estas con algunos sucesos que percibe usted en su momento presente, para dar cuenta de ciertas continuidades y ciertos cambios percibidos en el tiempo histórico, con eso habrá terminado su recorrido.

Para saber más: Gerald Imber, Genius on the Edge: The Bizarre Double Life of Dr. William Stewart Halsted

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Welcome to Humanities, Arts and Medicine.

Hello! I’m Andrés Aranda, I’m professor at Department of History and Philosophy of Medicine at Medical Faculty of the National Autonomous University of Mexico.

I create this blog with the principal idea to interact with my students beyond the end-of-semester, with the intention to stimulate their interests in the medical humanities. Eventually I hope achieving a bigger audience composed by other persons interested in these areas.

The main purpose of Humanities, Arts and Medicine is to explore the interactions between medical knowledges and different cultural demonstrations, in the present time, but also in their historical development, to get our goal we’ll support in different disciplines like history of medicine, medical anthropology, bioethics, literature and arts.

So welcome to this space, created to rethink the medical knowledge and the medical practice, from diverse interdisciplinary viewpoints.